martes, 26 de octubre de 2021

¿Hay algo más? pensamientos sobre el desarrollo de la estilográfica

 No recuerdo dónde leí recientemente que uno de los temas de interés entre los aficionados es preguntarse por el futuro de las estilográficas. Dicho de otra manera más comprensible: ¿hay un futuro técnico por descubrir? ¿evolucionarán las plumas tal y como las conocemos? ¿qué nos deparará el desarrollo del instrumento?. 

Este tipo de preguntas muestra un sesgo histórico  de gran calado, o sea, el prejuicio de que la evolución de la estilográfica durante los últimos 100 años ha sido profunda y notable y, casi por inercia,  que esto constituye un proceso consustancial al instrumento, tal y como ocurre, por ejemplo, con la informática o el mundo del motor. ¿Cuáles serían ,pues, las previsibles novedades en el diseño, la técnica y la funcionalidad de las estilográficas del futuro?

Ante todo, me resulta arriesgado comparar la estilográfica con productos mucho más complejos o que implican técnicas y materiales susceptibles de proporcionar cambios radicales en su desarrollo. En el mundo de la informática, por ejemplo, la arquitectura de diseño, los nuevos materiales aplicados  a los soportes y el extraordinario desarrollo e inventiva de la ingeniería física, lógica, química y ya casi cuántica, de las nuevas tecnologías digitales, dan como resultado un nivel asombrosamente acelerado de evolución. 

(foto: lifelongfriendshiosociety)

Pero el hecho de que un producto, o un segmento de conocimiento, evolucionen muy rápidamente no constituye una regla homologable para los demás. Nótese que cuanto más complejo es el área de que se trate, más capacidad de evolución tiene. Una pinza para la ropa es difícilmente mejorable y por muchos nuevos diseños y materiales que se introduzcan en el mercado, la estructura funcional básica de los dos palitos y el muelle, sigue siendo inmejorable. Lo mismo cabría predicar de infinidad de herramientas que apenas han sufrido evolución a pesar de la vorágine de las últimas décadas. El clip, el destornillador, el alambre de púas, el martillo, la herradura o la tetera, por citar algunos, solo se pueden modificar arruinando su original eficacia.

El caso de la estilográfica es algo más complejo porque, en efecto, constituyó una verdadera revolución técnica. Tras siglos de búsqueda de un instrumento eficaz de escritura, se consiguió optimizar el principio de capilaridad con un deposito estanco que permitía usar y llevar, al mismo tiempo, la tinta imprescindible para poder escribir sin tener que mojar cada poco en un tintero. Cuando los elementos técnicos esenciales se optimizaron,  el nuevo instrumento revolucionó la escritura a mano. La cuestión es que, casi desde ese mismo momento, se pudo apreciar que la estructura básica de la estilográfica era difícilmente mejorable. Durante décadas, el conjunto funcional de plumín, alimentador y depósito, apenas sufrió alteraciones significativas. Del cuentagotas se pasó al depósito de goma y poco más. Pronto las plumas fueron todas sustancialmente iguales y, a partir de entonces, los fabricantes se concentraron en aspectos naturalmente accesorios como son los sistemas de carga, las cualidades de los materiales usados y, desde luego, el diseño y la estética del instrumento.

En los casi 150 años de vida de la estilográfica moderna, desde que Waterman inventara su Regular en 1884 basada en el sistema de capilaridad, los componentes técnicos esenciales de cualquier pluma son los mismos hasta el día de hoy. Nadie ha conseguido mejorar la idea. Una pluma de 1920 es, tecnológicamente, idéntica a una de 2021.


En todo caso, la pregunta que nos hacíamos al principio de este texto podría responderse atendiendo a una visión general de la evolución de los instrumentos de escritura. Siendo así deberíamos decir que, en realidad, los productos nacidos desde, o  a partir de, la estilográfica han sido los que la han desbancado: fundamentalmente el bolígrafo y su desarrollo ulterior en forma de roller, gel, y, más recientemente, las escritura electrónica con punteros. Pero en términos categóricos, es decir, considerando cada instrumento como un concepto específico, las estilográficas modernas no evolucionan sensiblemente desde 1884.

A mi parecer, este fenómeno se debe a la perfección de la solución técnica que encontró Waterman y la subsiguiente comprobación de que, como tantas otras cosas,  aquéllo apenas se podía mejorar. Este es el motivo de que una pluma moderna, dejando al lado las fantasías típicas de, por ejemplo, Sheaffer en los años 50 y 60 del pasado siglo, funciona igual que lo hacía una Waterman de 1915 o una Parker de 1920 con sus depósitos de caucho flexible, ya plenamente incorporados.


Llegamos ya al punto de las repuestas. ¿Podemos esperar algo más de la estilográfica? Mi opinión es que no. Dejando aparte ya su utilidad funcional como instrumento de escritura, algo ya residual salvo en algunos países orientales o asiáticos, no se me ocurre qué innovación sustancial puede incorporarse a un instrumento que ha demostrado durante décadas que no tiene capacidad de desarrollo técnico porque lo que hace, lo hace muy bien. 

Se podrán mejorar los materiales, los acabados, los ajustes y la estética, pero el corazón de la estilográfica permanecerá prácticamente invariable porque cualquier modificación de fondo pasará, inevitablemente, por transformarla en otra cosa.

Hay un punto, sin embargo, en el que sí creo que hay espacio para el desarrollo y es el referido al plumín. Si nos detenemos un instante a reflexionar sobre posibles campos de mejora en la estilográfica, coincidiremos en que el plumín constituye, no solo la esencia del instrumento, sino su principal punto flaco. Los sistemas de carga pueden varias y ser más o menos eficientes, pero el desempeño final de la pluma depende del conjunto plumín/alimentador y ahí es donde radica su potencial  debilidad. Este es, por tanto, el elemento en el que, a mi juicio, aún queda espacio para mejorar. 



(foto: nibs.com)

Junto con el puro desempeño, también considero que el plumín admite desarrollo en  materia de diseño y  funcionalidad y, en cuanto a esto, creo que el futuro vendrá de Japón ya que su industria ha demostrado una capacidad de imaginación y adaptabilidad absolutamente singulares. Pilot y Sailor, con sus plumines especiales, han demostrado que hay muchas cosas que aún se pueden hacer aunque no estoy seguro de que el mercado mundial, más allá del indio, chino o japonés, esté realmente interesado por estos desarrollos.

(foto: nibs.com)

Un último aspecto de posible futuro podría ser incrementar la capacidad de interacción de la estilográfica con otros medios electrónicos o informáticos. Me consta que hay ensayos al respecto aunque siempre chocan con una realidad incontestable y es que la estilográfica es apreciada por su carácter personalísimo y por las posibilidades expresivas que confiere  Para lo demás existen ya infinidad de bolígrafos, punteros y demás elementos que permiten la escritura electrónica. ¿Podemos esperar una estilográfica que traslade a la pantalla la expresividad de la escritura a mano?; es posible, aunque no parece factible contar con ello a corto plazo.

En cuanto a la industria, algo que ya hemos tratado en anteriores ocasiones, es de suponer que se produzca una concentración definitiva en torno a Japón, China, e India. El resto continuará con las líneas ya conocidas y sus respectivos nichos de mercado.

En conclusión, yo diría que el desarrollo tecnológico de la estilográfica ha llegado a su cénit con excepción, quizá, del plumín. El resto, probablemente, será un mero juego estético con las posibilidades que ofrecen los nuevos materiales y la maquinaria de construcción industrial. Al final, una pluma no puede ser mucho más que una pluma, a riesgo de perder su maravillosa e inconfundible esencia.

martes, 12 de octubre de 2021

Visconti Medici

Por Fran Nieto


Doy la bienvenida más cordial al gran fotógrafo y estilófilo Fran Nieto que ha tenido la amabilidad de colaborar con el blog, no solo con sus espléndidas fotografías como ya ha hecho otras veces, sino con todo un texto dedicado a una pluma singularmente hermosa. Agradezco a mi amigo Fran su colaboración porque estoy seguro de que todos los lectores disfrutarán de esta exquisita entrada tanto como yo lo he hecho.


Los Medici han sido una de las dinastías italianas más poderosas de la edad de oro florentina. Esta familia, fue mecenas de hombres de ciencia como Galileo Galilei, pensadores como Marsilio Ficino o Pico della Mirandola, arquitectos como Brunelleschi y artistas de la talla de Fra Angelico, Donatello, Boticelli, Leonardo da Vinci o Miguel Ángel Buonarroti, entre otros.


La caja exterior.


La pluma se presenta  encajada en el centro de una cama sedosa.

Florencia es también sede de la marca Visconti, que con este modelo rinde tributo a la familia Médici, presentando una colección de alta gama bautizada con su nombre.


Como material en su fabricación se ha recurrido al Acrosilk, una novedosa combinación de resina y fibra de seda. El brillo tan característico que le proporciona recuerda a los exquisitos mosaicos de madera y piedra que decoran la mayoría de las villas de los Medici.


La proporción áurea rige los tamaños del cuerpo capuchón. Una proporción que trató y analizó profusamente Leonardo da Vinci.


El elegante facetado de ocho lados rinde homenaje a la planta octogonal del baptisterio de la catedral de Florencia.


El efecto brillante y profundo recuerda a los celuloides antiguos.


Una amplia banda de metal ha sido decorada con una serie de lirios, o flor de lis, cincelados que acompañan al nombre de la colección. Esta flor ha sido símbolo de la capital toscana durante más de dos milenios.

Todas las piezas de metal están realizadas en paladio galvanizado.


El sistema de carga por vacío, Power Filler, es un convertidor fijo pero muy eficaz. Su acabado es de buena calidad.

El extremo de la pluma se ha decorado con una interesante joya que recuerda la cúpula de Santa María del Fiore, diseñada y construida por Brunelleschi.


El característico clip de arco de Visconti está confeccionado con metal chapado en brillante paladio que contrasta con el acabado rugoso del fondo. El clip funciona muy bien gracias a un ingenioso resorte.


El capuchón se fija al cuerpo mediante un interesante cierre de bayoneta muy fácil y cómodo de usar y que evita la evaporación de la tinta.


El plumín es el legendario 23k Palladium Dreamtouch, aderezado con una bonita decoración. Está disponible en puntos EF, F, M, B y S (stub). El mío es un punto M que escribe tremendamente suave y húmedo.

He publicado 1000 mensajes en nuestro foro y quería celebrarlo compartiendo con vosotros una de las plumas que más me han gustado de todas las que tengo. Fue uno de mis regalos de cumpleaños de cuarentena. ¡Gracias a todos por estar ahí!

Fran Nieto




lunes, 4 de octubre de 2021

La estilográfica más vieja del mundo

Estoy seguro de que el curioso lector se habrá preguntado más de una vez cuál es la pluma con más edad en el mercado, es decir, qué modelo ha subsistido, sin mayores cambios durante más tiempo. Vista la vertiginosa dinámica del mercado en los últimos años, la pregunta no es baladí y, además, aporta una buena visión de hasta qué punto la moderna industria combina la máxima modernidad  en los diseños, con la conservación de valores antiguos para un mercado que, como suele ser habitual, es capaz de absorber ambos tipos de productos.

Tecnológicamente, la estilográfica moderna suele ser muy sencilla y, salvo ejercicios particulares de estilo o diseño, la gran industria gira en torno al pistón y al cartucho/convertidor, como sistemas mecánicos dominantes. Los materiales de construcción tampoco han cambiado mucho aunque, en general, podríamos decir que se han simplificado y abaratado: hay menos oro, ebonita, latón u otros metales de calidad, y hay más plástico, resinas y aceros. En términos generales, podríamos resumir diciendo que las plumas modernas optan por la ebonita,  material tradicional reservado para plumas de calidad, y por las resinas de todo tipo, calidad y condición. Todo ello ha supuesto, en la práctica, un abaratamiento general del producto. Dejando aparte el mundo del lujo, hoy es posible encontrar una estilográfica de magnífica calidad por menos de 50 euros, algo impensable en los años 30 del pasado siglo, cuando conseguir una buena pluma, suponía un desembolso de dinero muy importante.

Pues bien, pese al tiempo transcurrido, la estilográfica sigue siendo, funcionalmente, un instrumento que ha cambiado poco. Los principios físicos y técnicos que acompañaron y atestiguaron su aparición a finales del S. XIX se mantienen hoy sin apenas cambios; la capilaridad, la alimentación y el diseño de los plumines, son constantes técnicas desde hace más de cien años. Pero muchas otras cosas han cambiado y aquí vamos a referirnos a las plumas más longevas y, especialmente, a aquellas que han logrado llegar desde más lejos hasta nuestros días.

La respuesta a ¿cuál es la estilográfica más vieja de nuestros días ? no es fácil de encontrar, porque, en realidad, no hay ninguna que se haya mantenido invariable a lo largo del tiempo. Todas, sin excepción, han experimentado cambios y adaptaciones, mayores o menores, pero inevitablemente apreciables. Aunque resulte sorprendente, muchas de las plumas con el diseño más vetusto e invariable son las indias, habiendo marcas. como Ratnam o Ratnamson. que vienen produciendo el mismo tipo de cuentagotas desde los años 30 del siglo pasado y que aún pueden encontrarse en su catálogo sin apenas variaciones.

Si hablamos de tecnología, hay muchísimas plumas que mantienen su diseño inicial por mucho que cambie su apariencia exterior. Es lo que ha pasado, por ejemplo, con muchas plumas japonesas y un buen número de alemanas. Podríamos decir que, sustancialmente, son modelos idénticos si bien su presentación, sus colores o sus materiales, han experimentado alteraciones aunque sigan siendo, en esencia, la misma pluma. Las plumas italianas solían tener muchos años. aunque, por desgracia, muchas ya han desaparecido del mercado. Esto es lo que ocurrió con Omas, cuyo modelo "Arte Italiana" se mantuvo en producción sin muchos cambios, prácticamente desde los años 20 del siglo XX. Aurora ha seguido fabricando la 88 por muchísimo tiempo aunque la pluma actual ha cambiado mucho respecto de la original.

Hagamos referencia ahora a algunas de las marcas candidatas a tener en el mercado la pluma más vieja del mundo. Estoy seguro de que encontraremos alguna sorpresa.

Parker.

Parker ha producido muchas plumas longevas. Instintivamente, el aficionado piensa en la venerable 51 pero no es la que ostenta un récord que corresponde, en realidad, a la 45. La 51 estuvo en producción, con grandes cambios, entre 1940 y 1972 (32 años) pero la 47 se fabricó, sin apenas cambios, entre 1960 y 2000, nada menos que 47 años. Con relación a otros modelos, recordemos que Parker reintrodujo la Duofold en los años 80 del sigo pasado pero con grandes alteraciones sobre el modelo original y, además, lo ha estado sometiendo a continuas revisiones desde entonces.


Pelikan

Pelikan es una marca extraordinariamente conservadora en cuanto a que sus modelos cambian muy poco a lo largo de los años. Si lanza alguna novedad, no lo hace desplazando a modelos anteriores sino que los complementa. La 400 es una de las plumas más antiguas que mantiene en su catálogo, puesto que empezó a fabricarse en 1950; pronto experimentó cambios con la 400N y las 400NN. A partir de 1964 comenzó la producción de la M400 que es la que actualmente sigue en el catálogo con algunas variaciones menores. 71 años nos contemplan.

Aunque no lo parezca, otro modelo extraordinariamente longevo es la Pelikan Pelikano que fue lanzado en 1960 (61 años) y que aún hoy está en el catálogo de la marca alemana, si bien es cierto que ha sufrido numerosos cambios, sobre todo estéticos, hasta el punto de que resulta difícil pensar hoy que se trate de la misma pluma. Esto es algo típico de la industria alemana que mantiene el nombre de los modelos aunque termine cambiándolos totalmente (paradigmático es el caso de la industria automovilística) 


Lamy

En 1966, Lamy lanzó al mercado la pluma que, frecuentemente,  pasa por ser el paradigma de la modernidad pero que cuenta con la respetable edad de 55 años, habiendo sufrido poquísimas modificaciones en su modelo básico. Se trata de la Lamy 2000, un modelo cuyas depuradas líneas y espléndido desempeño, la han mantenido entre las mejores estilográficas del mercado desde hace 5 décadas.

La Lamy Safari también tiene una edad, pues se lanzó en 1980 y cuenta, por tanto, con 41 años a día de hoy, habiéndose convertido en un referente mundial de la estilográfica de batalla y de una manera específica de definir sus componentes esenciales.


Kaweco

La Kaweco Sport es una pluma extraordinariamente longeva y, en su forma básica data de 1934 aunque entonces se construía en ebonita, y era una pluma de pistón. Sin embargo, 87 años después, es inmediatamente reconocible como aquél viejo diseño. No es fácil considerar que se trate del mismo modelo dado que los cambios han sido grandes, pese a conservar la idea inicial y muchos de sus rasgos estéticos.

Sheaffer

Una de las plumas más longevas de Sheaffer fue, sorprendentemente la No-nonsense que fue introducida en el mercado, nada menos que en 1969 y que se mantuvo en producción hasta 2005, es decir, 52 años, con muy pocas variaciones. Era una pluma muy simple, pero que se demostró muy duradera y eficaz y su estética, sumamente atractiva, replicaba la estética de los flat tops de primeros de siglo XX. No podemos considerarla aquí porque ya no está en producción, pero merecía ser honoríficamente mencionada.

Montblanc

La serie que todos evocamos cuando hablamos de plumas clásicas alemanas es la Meisterstück de Montblanc. En efecto, se trata de plumas muy veteranas en el catálogo de la marca. La 146 comenzó a fabricarse en 1949, aunque fue completamente rediseñada entre los años 70 y 80 del siglo pasado. La 149, que pareciera más antigua, data, en realidad, de 1953, como sucesora de la hoy mítica 139, y desde entonces ha sido muy retocada mecánicamente, aunque mantiene su apariencia básica desde entonces.68 años de edad es una edad notable.


Conclusión

Como hemos visto, no resulta fácil discernir la edad real de nuestras honorables contendientes. Es como esas operaciones de cirugía estética que hacen difícil datar las fechas de nacimiento de los interfectos. Las variaciones introducidas en  los modelos a lo largo de los años hacen que, en ocasiones, pueda haber severas discrepancias y  opiniones encontradas. Esto anima el debate, lo cual es siempre de agradecer. Descartaremos, por gracia de sus alteraciones, a la Kaweco Sport que, de otro modo, sería la más antigua de todas.

En términos generales, podríamos decir que las formas más antiguas, o clásicas, que aún perviven, excluidas las añoradas multifacéticas Omas o Whal Eversharp, son las de Pelikan, hijas de los modelos flat top de los años 20 del siglo pasado. Hay otras que aún mantienen la también clásica forma de cigarro puro, como las Montblanc Meisterstück, Sheaffer Balance y Namiki-Pilot, veteranas donde las haya.

Atendida la conservación de los aspectos esenciales de la estilográfica, forma, tecnología, sistemas de carga y diseño en general, la pluma más vieja del mundo, aún en producción, parece ser la  Pelikan M400 que, aun con múltiples pero poco profundas variaciones, sigue siendo la misma pluma de 1950. 71 años de edad.

Le sigue la Montblanc 149 (68 años), otra pluma continuamente retocada pero que sigue siendo la misma desde hace décadas. 

Completamos el podio con la Lamy 2000, cuyos 55 años la colocan en el grupo de las plumas más longevas de la industria moderna.

Espero haber satisfecho la curiosidad de los aficionado y dejar abierto el debate que, sin duda, nacerá de estas humildes observaciones. A veces me asombra comprobar el dinamismo de la industria de la estilográfica y su adaptación a los tiempos. Pero resulta igualmente reconfortante comprobar cómo los valores y la estética de los viejos modelos, se cuida con esmero y con cariño por tantos aficionados.




miércoles, 29 de septiembre de 2021

“Lava y Plata” by rOtring

Por: Leonardo Izaguirre Barrios.

Con una larga trayectoria de más de 90 años a cuestas, esta empresa nace en Alemania al calor de la escuela de arte y diseño Bauhaus.


En 1928 en ingeniero Wilhelm Riepe sorprende al mundo con un nuevo invento, el “TIKU”. Precursor del Rapidograph, se trata de un estilógrafo sin plumín; en su lugar una punta rígida tubular permitía entregar la tinta al papel de manera rápida, eficaz y sobre todo precisa. 

Así da inicio la producción de esta exitosa empresa. Desde su fundación, rOtring ha estado relacionada con la ingeniería, arquitectura y el diseño. El nombre se traduce literalmente como “anillo rojo”, elemento distintivo que portan todos los instrumentos de la línea rOtring de escritura.

Rotring ha entregado una amplia gama de las más preciosas estilográficas del coleccionismo, muchas de ellas son hoy día objeto de veneración. 

En las siguientes líneas veremos dos de los modelos de esa amplia línea de producción.


Se trata, como no, de dos geniales modelos que aunque en muchos lugares se ofertan como la misma cosa, en realidad no lo son. 

600 vs Newton


Aunque parecen gemelas, los modelos pertenecen a sendas líneas de instrumentos de escritura. Por alguna razón en muchas ocasiones se les tiende a fusionar como si se tratara de un mismo modelo con diferentes versiones. Nada más lejos de la realidad. No existe ningún modelo “Rotring Newton 600”. Sin embargo, sí guardan en común algunos aspectos funcionales y de diseño.

La 600 es la precursora, pero tanto ésta como las Newton son estilográficas metálicas de latón, con cuerpo y capuchón hexagonal que conjugan de manera armoniosa una sección de agarre, tope y porción final cilíndricos. 

La Newton, de la que dispongo, viene en un estuche tipo “almeja” enteramente hecho de plástico, muy simple pero funcional.


Ambos modelos tienen una apariencia industrial pero también muy urbana. 

La Rotring 600 es simple en apariencia y en esta versión “Silver” cobra mayor personalidad industrial, se asemeja a un “lápiz táctico” o a un “tool pen”.

La 600 fue lanzada por primera vez en 1989, seguida de la Newton que se produjo entre 1994 y el 2000. Por tanto, ambas descontinuadas y con un aura de objeto de culto para algunos coleccionistas de la marca.


A simple vista perecen iguales, pero las 600 se caracterizan por un rasgo funcional y quizá decorativo en los extremos de la pluma y en la sección de agarre, condición “sine qua non” para que se les pueda catalogar como una 600. Se trata de un “moleteado” que ayuda a manipularla al escribir.


En cambio la sección de agarre o boquilla de la Newton tiene el mismo acabado que el resto de la pluma. 

Sin embargo, en esta Newton con acabado “Lava”, el agarre se hace muy cómodo justamente por la textura arenosa o “porosa” que posee este original y muy deseable revestimiento, resultando espectacular lo mismo a la vista que al tacto.

El moleteado de la 600 se repite como dije, en los extremos de la pluma, mientras que en la Newton Lava, estos son lisos.


En ambos casos, en el culote se encuentra un aro de goma de color negro y en el plano liso, una pegatina que indica el grosor del punto.

Pero en la rOtring 600 ese acabado “moleteado” sirve para ajustar una pieza giratoria con una pequeña ventana que indica los diferentes grosores de plumines en las plumas, la dureza de las minas en los portaminas y el color de la tinta en uso en los rapidograph.


El modelo 600, presenta una inscripción en una de las facetas de su cuerpo hexagonal que indica la marca y el modelo, “rOtring 600”, mientras que las Newton no.


Sin embargo, sí respetan en común el infaltable aro de color rojo, en ese extremo del instrumento, elemento decorativo este, distintivo de la marca.

El clip es de acero, muy resistente y tenso, se adosa al capuchón como un gancho al estilo muy alemán de los de Kaweco, solo que en este caso no se hizo con la intención de ser removido. En ambos modelos aparece allí, en bajo relieve, el nombre de la marca.


La Newton Lava se puede “postear”, pues queda muy bien ajustada. No así la 600, pero técnicamente en ningún caso es procedente, pues perdería balance. Abiertas, ambas tienen la misma medida (12,5 cm) y un mismo peso de 24 gr, mientras que “posteadas” alcanzarían los 40 gr que pesan en total ambas.



La Newton es hija de los nuevos propietarios de Rotring, (Newell Brands), pero no por eso menos preciada que su precursora, la 600. El “Lava” es uno de los acabados más exclusivos de la serie Newton ya que las versiones plata y negra sobrevivieron hasta el fin de su producción. Mientras que el “Lava” fue una ejecución limitada realizada solo a finales de los años 90´s y principios del 2000.



Un rasgo funcional interesante es la presencia, en ambos modelos, de una especie de moldeado o engranaje que guía el cierre, de forma que obliga a capuchón y cuerpo a quedar perfectamente alineados.



En las Newton además, se agregaron dos anclajes laterales para un mejor ajuste del capuchón. 



El plumín tal como se ha visto, es ultra liso, sin siquiera agujero de respiración, pero resulta tremendamente eficiente. A pesar de ser rígido es “cremoso” al enfrentarse a la celulosa. 

Confeccionado en acero las aletas laterales casi rectas y a 90° del cuerpo principal. El de las Newton es ligeramente más pequeño que el de las 600 y el punto, en ambos casos un “M” es menos grueso en las primeras también.



Por un lado del plumín el bajo relieve con el tipo de grosor del punto “M” y por el otro lado, solo en el caso de la “Lava” la inscripción “rOtring”. Fueron fabricados “in house”, lo cual es muy deseable. Pero lógicamente ya no se producen, lo cual es problemático pues es imposible encontrar repuestos nuevos.



Sistema de carga por cartucho o convertidor universal estándar, puede albergar cartuchos cortos o largos en el interior de su barril. Desde allí la tinta se entrega a un alimentador de plástico inyectado muy competente un tanto diferente en su arquitectura en ambos modelos, pero igualmente solventes en ambos casos. 



Rotring 600 “Silver” y Newton “Lava” dos iconos que han alcanzado con el tiempo el estatus de “Santo Grial” para los coleccionistas de la marca y que, a mi entender, representan un maravilloso descubrimiento que me llegaron, gracias a la generosidad de un entrañable amigo, en el caso de la 600 “Silver” y de un querido paciente en el caso de la Newton “Lava”.



Debido a que generosidad con generosidad se paga, me complace mucho haberlas compartido con el respetado público lector de este también respetado blog.

Espero les haya gustado.


Todas las imagenes excepto el logo de la compañía, son del autor.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Tintas "vintage", sus problemas y cómo solucionarlos

 ¿Se pueden usar tintas viejas? Es una pregunta que a menudo circula entre los aficionados que profundizan en la estilofilia  y descubren, por un lado, que aún es posible encontrar frascos antiguos de tinta, (llenos) y, por otro, que el tiempo pasa por su preciada colección de anilinas y que, de repente, aquel precioso azul, decididamente imposible de agotar, cuenta  ya con la provecta edad de 20 años. ¿Qué se puede hacer con él?.

Dejando aparte el coleccionismo de frascos antiguos, una especie en sí misma, me gustaría dar algunos consejos referidos al mundo práctico. No al coleccionista,  sino al usuario normal que se da cuenta de que sus tintas envejecen, y duda de si es seguro continuar utilizándolas.

Comencemos por decir que el mundo de las tintas ha experimentado un crecimiento, cuantitativo y cualitativo, realmente espectacular en los últimos 25 años. Antes, más allá de las clásicas marcas como Parker, Waterman y Sheaffer, apenas había alternativas, salvo algunas excepciones locales de casi siempre dudosa calidad y rendimiento., Incluso entre los grandes fabricantes, hubo sonados patinazos como el de la Parker "51", auténtico peligro para casi todas las estilográficas y convertida hoy en objeto de colección. Hace apenas tres décadas, había pocas tintas y muy pocos colores. En España. por ejemplo, yo empecé a utilizar habitualmente la tinta sepia de Waterman, una extravagancia que la mayoría de testigos miraba con sorpresa. Más allá del azul, había un mundo proceloso. Actualmente, la oferta de marcas y tintas se ha multiplicado hasta lo incalculable. También las tintas han mejorado en su formulación, en sus características físicas y estéticas y, casi sin remedio, han visto disparado su precio. 

¿Qué ocurre si nos encontramos con alguna botella de tinta  de hace un par de décadas?; ¿Qué pasa con las que poseemos de esa edad?  o, dicho de otra manera, ¿caducan las tintas?, ¿se estropean?. La respuesta, como veremos, precisa de algunos matices.

En realidad, las tintas no tienen fecha de caducidad normalizada. Atendiendo a su usabilidad, hay muchísimos factores que influyen en su estado, como las condiciones de almacenamiento, su propia formulación, el material del frasco que las guarda y, también posibles fuentes de contaminación biológica, incluyendo el  ataque de bacterias. 

La tinta para estilográficas se compone, esencialmente, de agua, colorantes, sustancias lubricantes, tensoactivos y biocidas. Algún fabricante añade también partículas en suspensión, perfume o conservantes. Veamos cual es el comportamiento de estos ingredientes con el paso de los años y cómo tratar las tintas adecuadamente.

(foto: Fountain Pen Love)

¿Cómo saber si una tinta se encuentra en mal estado?

Generalmente, lo más apreciable es la excesiva densidad causada por evaporación del agua. Esto no constituye propiamente un defecto sino una degradación natural que puede fácilmente remediarse añadiendo un poco de agua, preferentemente destilada, con la ayuda de un cuentagotas. 

Otra muestra de deterioro es la pérdida de intensidad en el color, por la acción de los rayos ultravioleta. Esto no afecta al rendimiento de la tinta, sino a su densidad cromática. La tinta pierde intensidad, será más acuosa y con un tono diferente del original, más desvaído, menos nítido  y generalmente tendente al pardo. Pero puede utilizarse sin problemas.

(foto: pinterest)

Pueden presentarse problemas insolubles?

En efecto. Si bien la desecación o evaporación son generalmente subsanables, hay otros problemas que, en la práctica totalidad de los casos, supone la inutilidad total de la tinta:  la formación de sedimentos, la aparición de moho o adquirir una consistencia limosa. 

Los sedimentos se forman por una excesiva evaporación de la tinta. Si el problema es ligero y no muy antiguo, los sedimentos podrán volver disolverse en el agua añadida. En cambio, si la sedimentación es muy antigua y consolidada, no será posible recuperar la tinta porque, aunque se añada agua, los partículas sedimentarias serán tan sólidas que no se podrán diluir en ella.

El moho significa que el agua ha sido atacada por un hongo contra el que no han actuado los biocidas (si es que la formulación de la tinta los contenía). El moho es una grave contaminación, corrompe el agua, le da mal olor, la ensucia y arruina por completo el color original, por lo que la tinta es irrecuperable. Además, si se usa en la pluma, el moho la inundará para siempre, junto con las demás tintas en las que se sumerja ése plumín contaminado.

La consistencia fangosa o limosa de la tinta también denuncia una grave contaminación del agua de la tinta. Sus resultados no solo consisten en la pérdida del color original, sino en la formación de sedimentos arenosos que hacen imposible su uso en una estilográfica por provocar graves atascos.

¿La tinta antigua se degrada más rápido que la moderna?

En realidad no. Si ha estado bien conservada, la tinta antigua puede tener una formulación mejor que la moderna. Por ejemplo, hasta hace poco se añadían biocidas que una regulación más estricta dentro de la UE ha dificultado. Esto puede provocar que la tinta moderna se degrade por la acción de bacterias que, anteriormente, eran mejor combatidas. 

(foto: Fountain Pen Love)

¿Cómo deben conservarse los frascos de tinta?

Hay muchos factores que concurren para que un frasco de tinta pueda durar mucho tiempo. El primero de ellos será su grado de exposición al aire y a la luz. Un frasco sellado de origen, sin abrir, durará décadas. Uno abierto y poco lleno, sufrirá evaporación y posibles contaminaciones. También influirán la formulación de la tinta, si se guarda en un lugar adecuado, si se trata de uno u otro color, la forma del frasco...

Para evitarlo, lo mejor es conservar la tinta en un frasco de cristal (hay quien las transfiere a botes de plástico), completamente cerrado y preferiblemente lleno. También debe guardarse a salvo de los rayos ultravioleta y, por tanto, en un lugar oscuro y seco, para evitar que el calor favorezca la aparición de hongos.

Un ultimo consejo se refiere a los coleccionistas de tinta: salvo atracción irresistible, es mejor no abrir los frascos que no se van a usar. Abrirlos todos supone añadir un cierto riesgo a su durabilidad.


(foto: Fountain Pen Love)

¿Cómo evitar la contaminación biológica de la tinta?

La mayor parte de las veces, la contaminación la provoca el propio usuario. Recordemos que el elemento esencial de la tinta es el agua. El uso descuidado de la estilográfica, el manoseo del plumín y la falta de limpieza del mismo, harán que, al introducirlo en el frasco,  contaminemos la tinta si su formulación no es la adecuada. Lo correcto es mantener la pluma y el plumín perfectamente limpios, higienizar el plumín cuando vayamos a recargar y evitar que caiga nada dentro del frasco de tinta. Los frascos, salvo para ésta operación, deben estar siempre cerrados.


(Foto: Etsy)

¿Se estropean los cartuchos de tinta?

Lamentablemente, sí, porque el plástico, aunque esté sellado, es un material poroso que permite la evaporación de agua con el paso del tiempo. Recuperarlos es más trabajoso que si se trata de un frasco así que, en la práctica, lo mejor es desecharlos sin más.


(Foto: Etsy)

Tintas que no envejecen bien

Dicho lo anterior, conviene recordar que hay tintas o formulaciones específicas a las que el tiempo no favorece. Las tintas ferrogálicas, como ya hemos visto, son una de ellas. El color desaparece y tiende a contaminarse con gran facilidad. Hay también algunas gamas, especialmente en el rango de los verdes, que tampoco suelen durar mucho en óptimas condiciones y, por último, algunas clásicas de Parker, como la Superchrome, por ejemplo, son un dolor de cabeza. En cambio, yo he usado tinteros de Waterman con más de cuarenta años y he obtenido un resultado magnífico. 

(foto: Fountain Pen Love)

En resumen, las tintas "vintage" se pueden usar siempre y cuando no presenten ninguno de los problemas descritos que, en realidad, afectan también a las tintas modernas. Teniendo las precauciones necesarias, nuestra colección de tintas durará mucho tiempo y, en  la mayoría de los casos, podremos mantenerlas en uso con una mínima intervención. Como siempre, conviene ser precavido y, en el peor de los casos, llevar a cabo las pruebas en plumas de escaso valor. Con ello, podremos seguir disfrutando de nuestra tinta durante muchos años.