miércoles, 2 de febrero de 2022

Parker 51 2021: ¿Por qué?

No hace falta repetir aquí que soy un ferviente admirador de la Parker 51. Conforme pasa el tiempo, me reafirmo en la idea de que ha sido, sin duda alguna, la pluma del siglo, que es como decir  la pluma por antonomasia, y que, desde una perspectiva histórica, constituyó una verdadera revolución que,  desafortunadamente, coincidió con el declive de la estilográfica y la convirtió en la última pluma clásica, antes de la aparición de los nuevos instrumentos de escritura que acabaron con el mundo anterior. Todo lo que venga de la 51 me resulta atractivo.

Desde la desaparición en USA de la 51, en 1975, ha habido varios intentos de revivir sus glorias. La más destacada fue la Special Edition de 2002, a un precio ciertamente especial y, quizá por ello, con un éxito de ventas perfectamente descriptible aunque hoy constituya una rareza para coleccionistas. Desde hace muchos años, numerosos aficionados se han preguntado por qué Parker no reeditaba la 51 en una versión moderna que, entre otras cosas, hiciera la competencia a los clones y réplicas chinos que invaden el mercado con millones de ejemplares cada año, bien recibidos por los aficionados (entre los que me cuento).

Responder a estas pregunta no es fácil, aunque  aquí me he ocupado de algo parecido hablando de la Montblanc 139 con argumentos que, mutatis mutandi, podrían aplicarse al caso. Pero hay aquí aspectos singulares. La 51 es un icono, pero no es una pluma escasa. Todavía hoy pueden encontrarse millones de ejemplares en el mercado secundario y, con  un poco de suerte, aún se pueden comprar ejemplares en estado NOS, es decir, nuevos y sin usar. ¿por qué reeditar la 51? y, de hacerlo, ¿con qué especificaciones? y ¿con qué objeto?.

Partiendo de que una nueva edición especial como la de 2002 sería un previsible fracaso, se me ocurre que la dirección de Parker decidió reeditar la 51 como lo que fue, es decir, una pluma bien fabricada, relativamente accesible, con el atractivo de su origen oficial (frente a las réplicas chinas), y con una presencia y calidad superiores a las de sus imitadoras, manteniendo, al mismo tiempo, el prestigio de la pieza histórica que fue. Además, las viejas 51 no durarán siempre.

Pues bien, si esos fueron los motivos, el resultado ha sido positivo aunque, quizá, algo decepcionante para los enamorados del modelo original. La comunidad estilófila especializada ha acogido la iniciativa de Parker con muchas reservas, cuando no con demoledoras críticas,  y le ha acusado de denigrar las especificaciones originales, ser de baja calidad, aportar soluciones técnicas inadecuadas, contar con un plumín insustancial, o directamente de mala calidad, y venderse a un precio excesivo. Todo un recibimiento que analizaremos por partes.

Empecemos por decir que la nueva 51 se vende a un precio de catálogo de 90 euros, aunque es fácil encontrarla por una cantidad que ronda los 50 en numerosos distribuidores online. La diferencia no es baladí, pues lo que por 90 euros puede ser caro, por 45 resulta mucho más aceptable. 

La Parker 51 se presenta en una buena y discreta caja negra, habitual en otras plumas de calidad de la marca.

La pluma aparece bien sujeta por una goma oculta bajo una cinta de seda.

Aquí acaba todo, porque no hay más lujos. Hasta el punto de que no se acompaña ni un pequeño folleto con instrucciones o información sobre el producto. Tampoco hay convertidor, que es preciso adquirir por separado. En el departamento interior únicamente  aparecen un par de cartuchos específicos de Parker. No empezamos demasiado bien.

La nueva 51 se ofrece en seis colores; en todos los casos, con capuchón metálico y dos posibles terminaciones: dorado guilloqueado para plumines de oro y acero cepillado para los demás.

(foto: Parker)

La primera impresión que se tiene es que la nueva 51 es un clon casi exacto de la clásica Parker 51 aerométrica, aunque pronto veremos que no es así.  El fabricante no ha querido hacer un clon, sino evolucionar el modelo adaptándolo a los nuevos tiempos. Con ello persigue mantener lo sustancial de la pluma y sus valores clásicos, pero añadiendo detalles de diseño que le otorguen personalidad propia, diferenciada de la de su predecesora.


Las dimensiones de la pluma, cerrada, son casi las de la 51 aerométrica aunque, en realidad, es unos milímetros más larga.


 La pluma cerrada mide 2mm más que la original, es decir, 140 mm. El cuerpo, como veremos más adelante, es notoriamente más corto.


Cerrada, la pluma es casi un a réplica de la original, en la que únicamente destaca el clip, notoriamente diferente. Pese a todo y en realidad, la nueva 51 me recuerda más, en conjunto,  a la 21.


Abierta, la pluma muestra ya profundas diferencias con su modelo. Para empezar, el capuchón es a rosca y no a presión.


Esto ha sido un gran motivo de queja por parte de los expertos aunque de primeras no es fácil ver por qué. A mí me gusta el sistema tradicional de presión, pero me gusta más la rosca por obvios motivos de estanqueidad y seguridad. El problema es determinar si la rosca se ha diseñado bien y la respuesta es que no demasiado.


En efecto, uno de los problemas que podrían presentarse se refiere a la durabilidad del sistema y aquí, sí parece que la construcción de la nueva 51 no es todo lo sólida que debería ser. La rosca es de plástico y el material del cuerpo no es muy grueso. Esta es una mala idea porque el plástico y el metal son materiales de diferente consistencia y duración, lo que quiere decir que, a la larga, el plástico se desgastará, perderá rigidez o se romperá.


La resina en que está construida la pieza es de color teal o verdiazul. Se supone que se trata de un material de calidad, hasta el punto de que Parker, siguiendo la estela de Montblanc, la denomina precious resin.  El caso es que no lo parece. No es que sea pésima ni de plástico inyectado, pero no transmite la sensación de durabilidad y solidez  de los materiales de alto nivel. Es pronto para saber su resistencia a manchas y  rayones, pero nada parece indicar que se trate de un plástico excepcional sino, más bien, de una resina de calidad simplemente pasable.


El cuerpo de la pluma mide 118 mm. que, comparados con los 128 de la 51 original, la hace notoriamente más corta. Parece que Parker ha querido satisfacer los gustos de muchos aficionados que empiezan a manifestar un cierto cansancio por la excesiva profusión de plumas oversize o de gran tamaño.


Sin embargo, el escaso cuerpo de la pluma la hace poco adecuada para un uso sin capuchón. Esto, a su vez, genera el riesgo de acabar rayando el cuerpo con la rosca de metal de éste último que dejará, me temo, una indeleble señal en el cuerpo a poco que se use.


El cuerpo de la moderna 51 no presenta líneas uniformes y fluidas en conjunto, como lo era la original. Aquí hay roscas y, además, un pequeño escalón causado por la rebaja en el diámetro de la boquilla respecto al del cuerpo para admitir la rosca del capuchón. Adviértase también que el mecanizado de la rosca de plástico es correcto pero no excelente.


La nueva 51 compensa estéticamente la diferencia de anchura entre ambas piezas con la incorporación de un anillo metálico en el remate superior de la boquilla. Aunque lo parezca, el anillo no forma parte de la pieza metálica con la rosca, sino que está pegado a ella impidiendo el desmontaje de la boquilla.


La solución es parecida a la de la clásica 51 aunque la mayor anchura del moderno anillo lo hace algo más prominente y menos estilizado que el original. En todo caso, no resulta desagradable aunque es obvio que la limpieza de líneas de la original resulta mucho más elegante que la  moderna.


El capuchón es enteramente metálico y, en este caso, de acero cepillado. Es un componente de calidad y buenos acabados.


En la parte superior del capuchón, aparece un remate metálico incrustado en el extremo, entre unos círculos concéntricos y dejando un espacio vacío alrededor, como para permitir que el plumín respire evitando así la condensación. 


Este elemento ocupa el lugar de la tradicional jewel o joya de las 51 clásicas. No acabo de comprender bien el aspecto funcional de este remate que, al contrario, parece un riesgo para la estanqueidad del sistema, capaz de provocar un secado excesivo de la tinta en el conjunto plumín/alimentador. Con todo, resulta estéticamente atractivo.


El capuchón se remata por debajo con un anillo de acero pulido en el que aparece grabada la leyenda Parker junto con France Q III, lo que indica que la pieza ha sido construida en el primer trimestre del año 2000, es decir, que se trata de uno de los primeros ejemplares.



El clip no acaba de convencerme. Es de buena calidad y resulta efectivo pero ni su diseño funcional ni su estética son las mejores. En cuanto a lo primero, porque no forma una pieza solidaria con el anillo que lo sustenta, sino que es independiente, solución obviamente más débil que la original.


En cuanto a su estética, el clip no es desagradable pero me parece que Parker ha perdido la oportunidad de crear una pieza más atractiva, manteniendo las líneas clásicas. Es cierto que el fabricante ha hecho ejercicios continuos de actualización de este clip a lo largo de los años, pero la versión de esta 51 moderna parece encajar más en las estilizaciones y simplicidad de las esprit, facet y frontier que en cualquier otra. Y esto es sospechoso porque todos esos modelos son de gama baja. 


No estando mal del todo, me hubiera gustado un clip no simplemente grabado, sino con relieve y algo más de corporeidad. Si me apuran, diría que hubiera sido una gran idea que el clip fuera lo más parecido al original pues, sin posibilidad de confusión, habría constituido un delicado homenaje al modelo. Por otra parte, de todos los clips con la flecha de Parker, el de la 51 aerométrica me sigue pareciendo el más agraciado.


El plumín de la nueva 51 es otra innovación. Se abandona el tubular de la original y se opta por uno que, según parece, es el mismo que el de la Vector/Jotter, es decir, un plumín de los más baratos que fabrica Parker. 


No es fácil llevar a cabo las comprobaciones oportunas dado que la boquilla está sellada con la pieza metálica roscada que la cierra, de manera que no se puede acceder al conjunto plumín/alimentador. Esto también dificulta su mantenimiento y eventual sustitución de piezas. En plumas de esta categoría, todo debería poder desarmarse sin problemas por el usuario.


La boquilla en sí misma, es bastante parecida a la original que inventó el concepto de plumín carenado, o hooded nib, en el cual tanto el referido plumín como el alimentador se alojaban en e interior de la boquilla que rodeaba el conjunto casi en su totalidad, permitiendo que solo la punta del plumín asomara por el hueco correspondiente.


La ventaja de los plumines carenados era que minimizaban la exposición del plumín al aire y evitaban, en la medida de lo posible, el secado de la tinta. No estoy muy seguro de que consiguieran su objetivo pero los plumines carenados de la 51 crearon todo un estilo. No creo que el sistema funcione bien en la moderna, dado que el conjunto está muy expuesto.


En el caso de la 51 moderna, el carenado es francamente extraño. Ante todo, porque el plumín queda por debajo del extremo superior, creando una especie de escalón estético poco agradable. Además, este escalón hace que el plumín aparezca flotando en medio de la abertura, sin apoyo en ninguna parte y, para colmo, resulta extraño a la escritura pues hay ocasiones en que ni siquiera se ve, quedando oculto por el plástico de la boquilla cuando se mira desde arriba.


La original complejidad del sistema del conjunto plumín/alimentador de la 51 se ha abandonado por completo en la versión moderna. Ahora contamos un conjunto absolutamente normal, con un plumín y un alimentador usado en otras plumas archiconocidas y, como se ha dicho, muy baratas, salvo por el hecho de que en este modelo el conjunto está parcialmente cubierto por la boquilla.


El sistema de carga también supone un cambio fundamental respecto del modelo original. Aquí se ha optado por el sistema de cartucho/convertidor tan común en nuestros días. Esto ha sido duramente criticado por los aficionados aunque no acabo de entender por qué. La inmensa mayoría de las plumas modernas usan este sistema que ha demostrado sobradamente su fiabilidad y eficacia. Es cierto que a muchos nos gustan  métodos de carga alternativos pero ello se debe a razones estilófilas más que a las puramente funcionales. 


Con todo, podría decirse que una réplica de la 51 estaba estéticamente obligada a usar un cargador aerométrico. Yo lo hubiera celebrado, desde luego, pero es obvio que Parker no quería hacer un clon sino una pluma práctica, moderna, con bajo coste de producción y, en defintiva, asequible. En estas condiciones, usar el sistema de C/C era inevitable aunque ello haya supuesto bajar de los 1,7 ml de capacidad del sistema aerométrico a los 0,7 de un convertidor normal (o 1,4 ml  del cartucho)


El desempeño de esta nueva 51 es correcto. Salvo en papeles de mala calidad, el plumín se comporta decentemente aunque no sea un prodigio de suavidad.  El trazo es firme, húmedo y seguro, sin titubeos ni cortes de flujo. No me acaba de convencer la  geometría de la boquilla, que a veces, impide ver la punta del plumín y tener que buscar a ciegas el punto de contacto con el papel. 


El plumín es duro, inflexible y sin variaciones de trazo, pero no debe olvidarse que se trata, en último caso, de un Vector/Jotter que ha demostrado sobradamente sus virtudes y defectos en plumas baratas pero en general correctas en cuanto a su rendimiento. No se deben esperar sorpresas.


El uso es cómodo y sencillo. Personalmente, me resulta mejor usarla con el capuchón colocado porque resulta algo corta. En cambio, se trata de una pluma muy ligera que facilita su uso en cualquier momento llevándola en el bolsillo de la chaqueta sin que note.


La nueva 51 constituye, a mi juicio, un arriesgado ejercicio de mercadotecnia y puesta al día que, en conjunto, puede considerarse satisfactorio. Pero, técnicamente, la nueva 51 no inventa nada ni supone otro riesgo que no sea el de de desencantar a  los incondicionales del modelo. La idea general de la pluma parece más la de recrear una 21 que una 51, por su simplicidad, su calidad promedio y su espíritu de ofrecer una pluma barata con buenas referencias, fabricada en Francia. El nuevo modelo presenta problemas e inconsistencias, sin duda, pero el resultado final, a un precio que ronda hoy los 45 euros, es bastante razonable. Yo no pagaría más por ella, ya que hay réplicas chinas de igual o mejor calidad y sistemas de carga mucho más interesantes; pero esta es una Parker original, una apuesta imaginativa, y su relación calidad/precio es, si se mantiene en torno a la cantidad citada,  aceptable para los incondicionales de la marca o del modelo. A mi juicio, sería un éxito incontestable si costase 20/25 euros y compitiese con la  Lamy Safari,  la Pilot Metropolitan o la Twisbi  Swipe, a las que podría ganar, no en calidad, pero sí en encanto y personalidad. En las actuales condiciones no estoy muy seguro de su futuro comercial, pese a que cualquier iniciativa valerosa merece un fuerte aplauso, y esta lo es.



jueves, 27 de enero de 2022

Maiora Vesuvio: Una Belleza Limitada y Accesible

 Maiora es una de las marcas hijas de la difunta Delta. Como sabemos, la prestigiosa marca italiana estuvo dirigida por dos personalidades del mundo de la estilográfica, Ciro Matrone y Nino Marino. Tras la disolución de la sociedad, los hijos de Matrone, Mariafrancesca y Salvatore, crearon la marca Leonardo, y Nino Marino creó Maiora. 

Maiora fabrica plumas con evidentes reminiscencias de Delta en muchos detalles de sus productos, en su casi idéntica presentación, en el cuidado con que tratan sus materiales y en la gran belleza de sus diseños. La empresa Maiora de Nino Marino, además de fabricar estilográficas bajo el sello Nettuno, fabrica otras con la marca principal, en una línea de productos de más calidad y, desde luego, mayor precio. En todo caso se trata de productos de calidad fabricados a la manera tradicional: resinas torneadas y vaciadas a mano, metales preciosos y acabados artesanales. En general, son productos con una relación calidad/precio muy favorable aunque cuentan con un rango de precios que va de los 150 euros aproximadamente, hasta los más de mil de las ediciones especiales en ebonita, pero con una mayoría de modelos en torno a los 250 euros, con plumín de acero, y a los 500 euros con plumín de oro.

Las Maiora son plumas de sólida apariencia y evidente calidad. La que aquí presento es una edición limitada denominada Vesuvio que es, en el fondo, una versión superior del modelo Impronte, al que se ha dotado de plumín de oro y materiales especiales que veremos a continuación. Hubo otra Vesuvio de Ancora, en color amarillo, ya descatalogada.

La Vesuvio se presenta en una caja protegida por una solapa de cartón en la que se encuentra el logotipo de la marca. 

La moderna caja interior es una réplica de los últimos modelos de Delta. Un cuerpo de plástico con cobertura de metacrilato translúcido y un interior, muy cuidado, donde descansa la pluma, bien protegida por una cama de gomaespuma negra y acompañada por una cajita de cartón con cartucho de recambio.

La Vesuvio es una pluma de buen tamaño, 142 mm, y una respetable anchura de 17,8 mm. Es una pieza imponente.

Es, sin embargo, una pluma ligera, de apenas 25,5 gramos. En presencia, es mucho más seria y contundente que, por ejemplo,  una Safari.

La pluma está realizada en una resina de enorme profundidad y belleza. Muy parecida estéticamente al celuloide. Como se puede apreciar, la construcción se basa en la creación de numerosos cilindros de resina, de muy poca sección, que se pegan el uno al otro y, finalmente, se pulen hasta obtener la forma de la pieza. Esto permite una mezcla de colores muy original e interesante, al mismo tiempo que crea una cierta ilusión de facetado que la hace notablemente atractiva.

Esta técnica, denominada Spaghetti, ha sido utilizada por numerosas marcas con anterioridad, especialmente Stipula. El resultado es, a mi juicio, enormemente atractivo. Consigue resaltar la belleza de las modernas resinas dotadas de gran profundidad de color, añade muchísimos matices a los colores y resalta  el brillo de las partículas metálicas. Todo ello luce perfectamente en esta Vesuvio, convirtiendo a la pluma en una pieza de extraordinaria y cálida belleza.

El espectro cromático de la Vesuvio gira en torno al naranja y al negro, una combinación de colores muy adecuada e intensa que pretende recrear el concepto de un volcán en erupción, el magma ardiendo y la profunda negrura de las rocas enfriadas. La combinación, yuxtaposición y contraste de colores está muy bien resuelta en esta estilográfica, pues  la intensidad y riqueza de la resina combinan perfectamente con el negro pulido de la boquilla y el borde inferior del capuchón.

Las fornituras son doradas, añadiendo otra nota cálida al cromatismo general de la estilográfica.

Se trata de una edición limitada, de 888 ejemplares. El detalle de la edición, así como marca y modelo, están grabados en el cuerpo de la pluma, longitudinalmente. Personalmente, aprecio mucho este tipo de incisión clásica, que se remonta a las primeras estilográficas en ebonita del siglo XX.

Rematando el cuerpo, se halla un anillo grabado con triskells, el símbolo celta  que representa la evolución y el crecimiento, el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu. Manifiesta el principio y el fin, la eterna evolución y el aprendizaje perpetuo. 

El capuchón de la pluma cierra a rosca y está rematado por un pulidísimo anillo negro separado de la resina por un sutil anillo dorado. 

El capuchón está rematado por su parte superior en forma cónica y en al misma resina. Aquí se aprecia bien la unión en abanico de las diferentes barritas o spaguetti con que se crea la pieza.

La boquilla es una de las partes de esta pluma que más me atrae. Está construida en resina de gran calidad, muy densa y primorosamente pulida  a espejo. Tiene forma de huso, muy acusada, que me recuerda a la que utilizaban otras marcas italianas señeras de los años 90, como Marlen. Su tacto es una verdadera delicia.

El clip de latón, chapado en oro, es muy elegante y sencillo; apenas destaca sobre las líneas generales de la pluma.

La pluma carga por cartucho/convertidor, si bien utiliza el conocido sistema Delta de accionamiento facilitado por un acceso desde el casquillo posterior. 

Parece un pistón pero no lo es. Al desenroscar éste elemento, se descubre la parte posterior del convertidor. El mecanizado de las piezas es soberbio.

Girando el extremo metálico del convertidor, acabado en un latón muy estético, se acciona el convertidor y se carga la pluma. No es preciso, por tanto, desenroscar el cuerpo en ningún momento salvo para comprobar el nivel de tinta. El mecanizado y funcionalidad de todas las roscas es excelente y muestra la gran calidad de las resinas utilizadas.

Si desenroscamos el cuerpo, vemos el convertidor o, si se desea, el cartucho de tinta que pudiéramos colocar en su lugar.

El plumín es  una  elegantísima pieza de oro de 18K, grabado con la marca Maiora, el anagrama de la marca y 18 kts-750. El tamaño del plumín es el número 6. Se trata de un plumín fabricado por Maiora con maquinaria antigua. 

La fabricación propia de plumines es algo que algunos fabricantes italianos están retomando, como la moderna Visconti y la nueva Santini, entre otros.

El plumín de Maiora viene acompañado de un buen alimentador de plástico. Es una pena que no haya sido de ebonita, para rematar el conjunto de la mejor manera. 

Con todo, el conjunto se comporta admirablemente. La escritura con la Vesuvio es excelente. Produce líneas jugosas, amplias y seguras. y no se interrumpe ni presenta  problemas de flujo. El rendimiento funcional de esta pluma es magnífico. Resulta cómoda y ligera en su manejo.

La Vesuvio se puede conseguir en España por un precio que gira en torno a los 300 euros lo que, para una edición limitada, es más que razonable. Si a ello unimos la calidad de la pieza, su deslumbrante belleza y el magnífico desempeño de su plumín de oro artesanal, tendremos que convenir en que se trata de una espléndida oferta.