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jueves, 22 de septiembre de 2016

Cómo nació la estilofilia y por qué.

La estilofilia considerada como afición no es tan antigua como pudiera parecer. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la estilográfica fue un elemento funcional hasta hace pocas décadas; antes, era un instrumento práctico que no se coleccionaba ni se acumulaba. Cumplía su función y poco más. Salvo excepciones, las personas tenían una o, como mucho, unas pocas estilográficas para usarlas a diario.

La estilofilia nació, básicamente, en los años 70 del pasado siglo. Para entonces, la época dorada de la estilográfica había pasado hacía casi veinte años y el bolígrafo reinaba en el mundo de la escritura. Como en todo cambio tecnológico rápido, las plumas fueron abandonadas con rapidez mientras el usuario normal se desprendía de sus engorros y los sustituía por la comodidad y, sobre todo, el precio, de los nuevos instrumentos. La industria de la estilográfica se colapsó y los rastros, mercadillos y anticuarios se llenaron de plumas de segunda mano a precios de derribo. Añorados tiempos en los que era posible encontrar grandes modelos por un puñado de monedas.

(foto:bonneappetour)

En los años 1970, nació la primera generación de coleccionistas. Se trataba de gente joven que apreciaba las viejas estilográficas y sus por entonces obsoletos encantos. Fueron ellos los que comenzaron a apreciar la belleza de las formas, la hermosura de los sistemas complicados y el encanto de los viejos materiales, cosas todas que, frente a los bolígrafos, aparecían a sus ojos como valores a conservar. Además, comenzaron a apreciar las diferencias funcionales entre las plumas y los nuevos reyes del mercado y a darse cuenta de las diferencias que, para la escritura a mano, había entre éstos y las ventajas funcionales que ofrecían las estilográficas.

Aquél grupo de coleccionistas actuaba individualmente, porque no había ninguna organización ni grupo dedicado a las estilográficas, pero su iniciativa fue la que dió origen a las primeras colecciones serias. Ellos fueron, además, los que adquirieron masivamente aquellos instrumentos que nadie quería y gracias a su celo y, todo hay que decirlo, al poco precio que entonces tenían, consiguieron rescatar de la trituradora y del olvido una ingente cantidad de plumas históricas que aún hoy circulan por el mercado.


(foto: Joe Haupt)

Aquellos pioneros aprendieron a base de mucho esfuerzo. Recordemos que entonces no había internet y las fuentes de información eran más que limitadas: antiguos empleados, material gráfico de los fabricantes, catálogos, anuncios de prensa y documentación propia de cada marca. Cosas todas de difícil acceso y corto recorrido. Lo que hoy se consigue con apenas 10 segundos de búsqueda, llevaba años a los dedicados estilófilos de hace unas décadas.

Aquello primeros aficionados aprendieron también a restaurar las plumas. Hasta entonces, eran los servicios técnicos de las marcas las que lo hacían, pero la desaparición de la mayoría de ellas, hacía imposible recurrir a fuentes oficiales. Fue a base de ensayo y error, en la mayoría de las ocasiones, cómo los estilófilos aprendieron a reparar y mantener los viejos modelos. Algunos, comenzaron a replicar algunos recambios para modelos emblemáticos, y así nació una pequeña industria de restauración y piezas que aún sobrevive.


(foto: Sailor)

En aquellos años, los coleccionistas eran capaces de completar colecciones enteras de modelos y, además, con un estado de conservación casi perfecto. La liquidación de la industria había dejado en el mercado ingentes cantidades de plumas que nadie quería y que solo adquirían un puñado de aficionados que reconstruyeron gamas enteras de productos con el solo apoyo de su afición.

Naturalmente, todas aquellas colecciones se completaron con un enorme dispendio de tiempo y esfuerzo que culminó con el nacimiento de los primeros penshows, muy pequeños al principio, y muy limitados en cuanto a sus participantes, pero ideales para conectar a los aficionados y crear una comunidad que iba a crecer lenta, pero paulatinamente. Con todo, las relaciones entre estilófilos eran muy competitivas, lo que dió origen a uno de los principios básicos del protocoleccionismo: que la carga de asegurarse la bondad o legitimidad del producto pesaba sobre el comprador. Aquel que no fuera un experto, que no estuviera bien informado, o que ignorase aspectos esenciales del producto, corría el riesgo de ser engañado; era su responsabilidad adquirir esos conocimientos antes de hacer ninguna compra. Muchos sufrieron novatadas que más tarde hicieron sufrir a nuevos aspirantes. En parte, este sigue siendo uno de los principios de los penshows y de la compraventa de plumas usadas en general: caveat emptor, el cliente debe ser precavido.


Muchos de aquellos coleccionistas, hicieron de la estilofilia un sistema de vida y se convirtieron en profesionales. Vendían plumas, las reparaban o las cambiaban. Esto dió origen a un mercado de segunda mano esencialmente liderado por los pioneros de antaño. Los establecimientos que abrieron, los viajes que debían hacer para asistir a los penshows, y el personal necesario para gestionar el negocio, incrementaron los costes de la actividad y, consecuentemente, produjeron un aumento en el precio de las plumas que vendían. A finales de los 80 y primeros 90, la estilofilia había adquirido patente de notoriedad y los penshows se multiplicaban a lo largo del mundo, a la par que intenet comenzaba a mostrar de lo que era capaz. En 1992, Montblanc lanzó su primero edición limitada, la Hemingway, y Parker reeditaba la Duofold.


El fulminante éxito de estos modelos detonó un fenómeno que terminó inundando el mundo con nuevas estilográficas y nuevos paradigmas, con sus actualizadas prioridades y su mercado emergente. El precio de las plumas antiguas se disparó; nació el espacio global de internet y los antiguos coleccionistas se enriquecieron vendiendo sus colecciones.

Todo esto duró hasta la recesión de 2008. Entonces acabó la segunda edad de oro de la estilográfica. Los precios cayeron, las ventas se paralizaron y la avanzada edad comenzó a acabar con los viejos estilófilos. Este es el momento en el que una nueva generación aparece en escena.

(Continuará?...)






lunes, 19 de septiembre de 2016

Pilot Custom Legance: Una segunda fila muy aventajada

Dentro del enorme catálogo estilográfico de Pilot, hay algunos modelos poco conocidos, como la Stella o la Grance, generalmente reservados para el mercado japonés y que, por alguna razón que se me escapa, quedan en una segunda fila tras los grandes iconos de la marca. Esta segunda fila no responde en absoluto a una menor calidad sino, probablemente, a un diseño más tradicional, menos atractivo que los modelos de exportación.

La Legance (supongo que tendrá que ver con elegancia en francés) es una de estas plumas modestas, discretas, casi inadvertidas, pero de enorme calidad y belleza. Es un tipo de pluma de tamaño comedido que me recuerda a la Parker 75, entre las clásicas y, sobre todo, a la Delta Vintage, entre las modernas. La Pilot mide 133 mm. que no la convierten en una estilográfica pequeña pero sí muy adecuada para ser llevada en el bolsillo de la chaqueta por su poco peso y su forma adaptable a cualquier bolsillo.


En cuanto a tamaños, me parece que actualmente hay dos grandes tendencias: En cuanto a las plumas de escritorio, la de aumentar su tamaño y presencia. En cuanto a las plumas portátiles, a usar los modelos baratos de plástico. Un ejemplo de las primeras son las modernas Delta Federico Media, Pelikan M800 y Pilot 845 entre otras muchas; y, entre las segundas, las Prera, Kaweco, Metropolitan, Lamy, Preppy y Vpen. entre infinidad de marcas y modelos. Faltan, pues, aquellas venerables plumas portátiles de calidad y tamaño contenido, comenzando por la maravillosa Parker 51 y terminando en la ya referida Delta Vintage; plumas de menos de 140 mm de largo, reducido grosor y extrema ligereza.



La Legance es una de estas plumas, bien equilibrada, extremadamente ligera y con unos acabados de la máxima calidad. Su apariencia es clásica pero bien adaptada a los gustos modernos; tiene rasgos de otros modelos pero conserva su personalidad y se permite ciertas licencias estéticas o de diseño que la hacen muy original.


Para empezar, se trata de una pluma de resina marmorizada. Desde la Serie Custom Impressions, Pilot no había producido modelos con este material. Según Pilot, se trata de una resina "Pio Nate" especialmente fabricada para esta estilográfica, yo  me atrevería a decir que en Italia. Se ha realizado sobre ella un esmerado pulido que le confiere un brillo realmente espectacular, digno de los mejores celuloides europeos. Su tacto cálido, delicado y suavísimo, es verdaderamente espléndido.


Las formas de la Legance recuerdan inmediatamente a las de la 98s Legno, una pluma muy parecida que también quedó en un segundo plano dentro del catálogo de Pilot pero que merecía más. La Legance es más sutil, una vez depurados el anillo central y el clip y, sobre todo, adornada con bellas resinas multicolores. La que presento es un color marrón tabaco de impresionante profundidad y hermosura.


En esencia, la Legance es una Custom Heritage, es decir, una pluma de extremos truncados y líneas muy depuradas, con poca o ninguna concesión a las florituras. El uso de plateados en lugar de dorados, refuerza esa impresión de sobriedad y elegancia. La resina se usa para toda la pluma excepto la boquilla y una pequeña franja del cuerpo donde va la rosca. Se trata de un diseño muy poco frecuente hoy en día.


El clip ha sido totalmente rediseñado. no se parece al clásico plumín Pilot acabado en una bola, pero tampoco a los de la serie Custom. En realidad, se trata de una puesta al día de clips clásicos como el que lucía la vieja Pilot R. El resultado es magnífico y aporta a la pluma una gran belleza y originalidad. A alguna distancia, la pluma no se reconoce como una Pilot. En su parte frontal, exhibe en vertical, y con letra muy discreta, la palabra "Pilot"


El anillo central, mucho más simplificado que el de la 98s, también es muy elegante, con la leyenda simplemente grabada pero no rellenada en  negro y únicamente con las letras "Custom Legance" y, al reverso, "Japan". El anillo no es uniforme sino que aparece en dos planos, estando resaltado el superior donde aparecen las grabaciones.


El plumín es el ya conocido y soberbio Pilot nº 5, una pieza de contenido tamaño aunque suficiente presencia como para no pasar desapercibido. Que yo sepa, solo se ofrece en dos tamaños: F y M. Tratándose de una pluma portátil, las medidas son adecuadas para un uso intenso y poco consumo de tinta.

La carga de esta recatada pluma se lleva a cabo mediante el impresionante convertidor CON-70 de Pilot, el mejor del mundo y con una asombrosa capacidad de tinta. EL uso de este enorme convertidor en una pluma de este tamaño da idea de con qué cuidado ha sido diseñada y de cómo se han extremados los detalles funcionales.


El único inconveniente de esta hermosa estilográfica es, aunque pueda sorprender, su precio.  Se puede encontrar a partir de unos 120 euros lo que, si bien es justo, supera en casi el doble a, por ejemplo, una Pilot 74 y, sobre todo, a una 91, su directa competidora. Incluso se acerca al de la 912 con su gigantesca oferta de plumines. Es cierto que sus materiales son distintos, sus acabados superiores, que la Legance tiene más personalidad y es menos conocida, pero la diferencia de precio es demasiado sensible para un rendimiento funcional totalmente equivalente.


Con todo, la Legance es una pluma a destacar dentro del catálogo Pilot y, aunque su precio la haga situarse en un plano más exigente, su gran belleza y la delicadeza elegancia de sus formas y acabados,  la convierten en un ejemplar digno de admiración.









jueves, 15 de septiembre de 2016

Jinhao X750 y plumilla Zebra: la flexibilidad a su alcance

Traigo a la consideración de los lectores una operación de bricolaje estilófilo muy en boga últimamente. Visto el moderno gusto, o la moda, por los plumines flexibles y la dificultad en conseguirlos a un precio razonable, muchos aficionados se han dedicado a explorar las posibilidades existente en el mercado y así, han llegado a la solución de combinar una plumilla flexible con una estilográfica china.

La solución es óptima porque, por un lado,  permite probar una plumilla muy flexible  y, por otro, hacerlo a un precio mínimo. Si a ello añadimos la diversión de montar, desmontar y jugar un poco con la mecánica y, sobre todo, el nulo riesgo que todo ello comporta, entenderemos el éxito de esta imaginativa solución cuya autoría no me corresponde.


Para conseguir este instrumento es preciso adquirir dos elementos básicos: una pluma y un plumín.

Comenzaremos por lo segundo. Las conocidas plumillas G de la japonesa Zebra, muy utilizadas en el dibujo de mangas,  son piezas diseñadas para ofrecer una gran variación de trazo gracias a un bien pensado sistema de cortes en el metal.



Se trata de plumillas de acero que suelen venderse en cajitas de 10 a precios muy asequibles. Puede obtenerse por menos de 10 euros el juego, es decir, un euro por unidad.


Las G son plumillas sin iridio, pensadas originariamente para dibujar y para ser usadas con palillero.


Vamos con el segundo elemento: la pluma. Un día, algún curioso aficionado se dio cuenta de que las medidas de la G coincidían casi perfectamente con el generoso alimentador de la Jinhao X750, una conocida pluma china que se vende por apenas 3 euros y que ofrece una magnífica relación calidad/precio.


Es, como era de esperar, una pluma metálica con varias terminaciones y un razonable nivel de acabados.


Lo primero que necesitamos es desmontar el conjunto plumín/alimentador de la Jinhao. Como ya hemos visto en otras ocasiones, se hace asiendo con fuerza el conjunto y tirando hacia fuera. Si es necesario, podemos utilizar una cámara vieja de bicicleta para mejorar el agarre.


Si comparamos el plumín de la Jinhao con la plumilla G veremos que, aunque muy parecidas de medida, son ligeramente diferentes en cuanto a su ángulo de curvatura.


Esto significa que, así como el plumín original se asienta perfectamente en el alimentador...


...la plumilla de Zebra no, lo que hace que se vea un hueco entre el acero y el plástico,


Esto constituye un problema porque, para un funcionamiento perfecto, la plumilla debe quedar totalmente ajustada al diámetro del alimentador. Para conseguirlo, hemos de usar un alicate de boca ancha que, aplicado a la plumilla, nos permitirá achatar sus formas y reducir su curvatura. Con ello conseguiremos que se ajuste al alimentador.


Hay que actuar con cuidado e ir apretando poco a poco, comprobando cada vez con el alimentador, hasta que veamos que la pieza ajusta perfectamente. Hay intervenir sobre toda la parte de la plumilla que está en contacto con el alimentador, no sólo la trasera. En cambio, no se debe actuar sobre la punta, que quedará fuera del mismo.


Cuando hayamos comprobado que la plumilla se ajusta perfectamente al alimentador, habremos concluido con la operación mecánica. Aquí vemos cómo la Zebra se ajusta perfectamente al alimentador.


A continuación, hay que ajustarla. El truco consiste en alinear el hueco existente entre el primero y el segundo de los aletines del alimentador con el primer corte lateral de la plumilla. Así alineadas ambas piezas, el rendimiento será correcto.



La lengua anterior del alimentador debe quedar perfectamente pegada a la plumilla. No debe haber ningún espacio entre ambos.


Ahora, se trata de introducir el conjunto en la boquilla. Para ello, hay que tener en cuenta que el alimentador solo entra en una posición, porque la boquilla tiene un pequeño resulta que impide hacerlo de otra manera.


Podemos ayudarnos con la lámina de caucho para lograr un buen ajuste. Es posible que ambas piezas se muevan durante la operación y no queden alineadas como queda dicho; no hay que desanimarse sino volver a sacar el conjunto y repetir la operación hasta que lo consigamos. Con paciencia, se logra.


Conviene manipular el conjunto con cuidado para no dañar los maletines del alimentador ni la punta de la plumilla.


Una vez terminado el trabajo, podemos comprobar el resultado. La plumilla no deja de ser tal, es decir, que carece de iridio y ofrece una sensación algo ruda, sin la suavidad típica de la estilográfica. Pero sí consigue una gran flexibilidad que se aprovecha mejor, en mi opinión, en el dibujo. Para la escritura, salvo adornos o ciertas manos clásicas, resulta de difícil manejo porque tiende a rascar en cuanto se aparta del ángulo óptimo de ataque.


Si no se aprieta, se consigue una línea extrafina y, a medida que se aprieta se consigue una apreciable variación del trazo.


El flujo de la pluma es correcto y no se interrumpe ni cuando se fuerza la apertura de los gavilanes. Ello indica que el sistema funciona. No obstante, es aconsejable usar tintas muy fluidas.


En resumen, esta operación casera permite disponer un instrumento muy agradable para jugar con la variación del trazo al irrisorio precio de 3 euros. La pluma, por lo demás, resulta muy elegante con el prominente plumín Zebra y, junto con el placer de usarla confiere al usuario, además, una buena experiencia mecánica.


lunes, 12 de septiembre de 2016

El Estilófilo y el Sudeste Asiático (II): Tailandia.

La primera vez que visité Bangkok, hace casi tres décadas, era una ciudad muy populosa pero aún se hallaba en plena transición entre los viejos barrios, la construcción tradicional, y la nueva arquitectura. En 2016, sigue habiendo  barrios con casas tradicionales y entornos más o menos degradados, pero la mayor parte de la ciudad ha experimentado un increíble desarrollo. Manzanas enteras de casas bajas han desparecido para dar lugar a rascacielos de ultima generación, y las avenidas y paseos tradicionales se encogen a la sombra de los nuevos gigantes de acero y cristal que inundan el paisaje urbano.


Tailandia, otro tigre asiático, ha experimentado un enorme desarrollo económico en los últimos 25 años. Con una población equivalente a la del Reino Unido,  ocupa hoy el puesto 27 en las economías mundiales por PIB, aunque, en razón a su gran número de habitantes, su PIB per cápita la relega al puesto 79.  Su capital refleja su gran potencia industrial, financiera y de servicios, si bien el área rural está menos desarrollada.

En el centro de Bangkok florecen los malls y el comercio de todo tipo; en general, menos lujoso que en Singapur pero igual de pujante. El turismo es un fenómeno mucha más presente aquí y los establecimientos para aprovechar su presencia se multiplican. Mercadillos, centros comerciales de todo tipo, tiendas de lujo y puestos callejeros, se mezclan en la barahúnda de tráfico y de gente que sigue ocupando esta enorme ciudad.


En materia estilófila, el panorama es muy parecido al de Singapur. En los grandes centros comerciales, como el inmenso Central World Siam, hay numerosos establecimientos dedicados a la papelería y la escritura. Tampoco aquí se encuentran muchas plumas estilográficas, aparte de las siempre inevitables Parker, Waterman y Sheaffer.


La presencia europea es prácticamente inexistente excepto Lamy, que parece haberse instalado firmemente en la región.


Hay algunos establecimientos interesantes con sucursales abiertas en varios lugares que cuentan con gran número de productos. Señalo en especial la librería B2S con una enorme y bien surtida sección de papera; Asia Books; la casi inevitable Tokyu Hands y los grandes almacenes japoneses Isetan, en el World Center, ambos con mucha mercancía digna de atención.


Los precios en Bangkok son sensiblemente inferiores a los de Singapur. Depende del establecimiento, desde luego, pero es posible encontrar buenas ofertas, especialmente en el campo de la papelería, increíblemente surtida de cuadernos de todo tipo


No faltan los omnipresentes Moleskine.


También se encuentran los excelentes productos Zequenz, unos cuadernos tailandeses de gran calidad y precioso diseño.


Algunos de los cuadernos más curiosos son los locales, de gama baja, como este precioso libro de cuentas primorosamente encuadernado y que se vende por unos céntimos.


En Isetan, había un pequeño taller donde poder probar diversos instrumentos de escritura, aunque no estilográficas.


En cuanto a plumas japonesas, pueden encontrarse buenos ejemplares en Isetan, aunque los precios son superiores a los que pueden conseguirse por internet. También disponen de una buena colección de tintas.


En material de escritura, lo más interesante son los interminables anaqueles de bolígrafos, rollers y rotuladores de todo tipo y marcas, básicamente japoneses.


Tailandia es, en resumen, un buen lugar para encontrar buenas y extensas papelerías aunque en materia estilográfica no aporta grandes oportunidades. Espero haber podido aportar información útil al curioso viajero.