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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Ajustes en una pluma (Capítulo 3): Como solucionar el problema del "baby bottom"

El llamado baby bottom o culito de bebé, es un fenómeno que se da en plumas en las que la punta de iridio del plumín ha sido excesivamente pulida. Como sabemos, existe un cierto grado de compromiso entre la suavidad de un punto y su eficica. Si la bola de iridio no se pule, es probable que el usuario tenga la sensación de que el plumín rasca, en mayor o menor medida. Por el contrario, si el iridio se pule demasiado, o de manera incorrecta, aparece el fenómeno del baby bottom, en el cual el excesivo redondeado del canal interior de la punta, impide que la tinta haga buen contacto con el papel.

En el siguiente esquema, se representa una punta de iridio apoyada en el papel, visto de frente. La línea naranja es la tinta que, como se puede apreciar, está en contacto con el papel.


En cambio, como podemos ver en el esquema que sigue, el excesivo pulido de los bordes hace que la tinta no llegue a hacer buen contacto con la superficie del papel. En consecuencia,  si la distancia entre la tinta y el papel es excesiva, el papel muy satinado, o la tinta es algo densa o con muchos tensoactivos, se producirán interrupciones del trazo que resultan muy molestas.


El fenómeno del baby bottom se ha multiplicado recientemente, con toda probabilidad a causa del gusto casi universal por los plumines suavísimos. Para eliminar este efecto, no hay más remedio que pulir de nuevo el iridio. Es cierto que se pueden llevar a cabo otros ajustes, incluido un cambio de tinta por otra más fluida, pero el problema persistirá ya que se trata de un defecto físico.

El pulido del iridio es una operación delicada y, por tanto, no la aconsejo a quien no tenga una experiencia mínima. Es mejor, en otro caso, llevar la pluma a un especialista que llevará a cabo el trabajo con seguridad y garantía.

Pero si hay alguien que se atreve, o que le apetece experimentar con alguna pluma de bajo precio, este es el sistema. Quede bien claro que no asumo ninguna responsabilidad por los riesgos derivados de este trabajo que, desde luego, existen.

Lo primero es adquirir unas lijas ultrafinas. Yo uso las Micromesh, que se distribuyen en España y que son de gran calidad. Tiene muchos usos, pero para este trabajo, es conveniente usar las más finas, de 12000, u 8000 para los casos más graves. Es preferible repetir varias veces con la primera antes que excedernos una sola con la segunda.


También necesitaremos una buena lupa.


Prepararemos, además, un vaso de agua.


Usaremos la lija de 12000. Antes de comenzar, lubricaremos la lija con una gota de agua. Esto optimizará su funcionamiento y proporcionará un pulido uniforme de la punta de iridio.


La pluma debe agarrarse como si se fuera a escribir, es decir, que el plumín debe apoyarse en el papel de lija con el mismo ángulo y dirección que usamos cuando escribimos con él.


A continuación, y siempre dentro de la gota de agua, escribimos 10 ochos. No hay que apretar, simplemente escribir como lo haríamos sobre un papel normal.

Seguidamente, escribimos 10 símbolos de infinito, es decir, ochos apiadados. Es como si dibujáramos una flor de cuatro pétalos.


A continuación, utilizamos la lupa para comprobar si se ha producido un ligero desgaste en el iridio. Debemos mirar la punta de frente, para poder apreciar mejor las líneas del iridio.

En todo caso, escribiremos en un papel para comprobar si el problema persiste, ha mejorado, o ha desparecido.

Si persiste, repetimos el proceso entero (diez ochos más y diez infinitos), con cuidado de no apretar; la impaciencia es un gran enemigo de este tipo de trabajos.

Volvemos a comprobar con la lupa y contrastamos si la escritura mejora. Si no lo hace, repetimos una vez más el ciclo.

Cuando veamos que la escritura es correcta y que el trazo ya no se interrumpe, la operación habrá concluido y nos habremos deshecho para siempre del molesto baby bottom.

Vuelvo a llamar la atención a los lectores sobre lo irreversible de este proceso. Si nos excedemos, podemos arruinar el iridio para siempre y el plumín se echará a perder. Recomiendo, además de tener cuidado, experimentar con plumines baratos de acero de los que haya repuestos. 

Espero haber sido útil y haber contribuido a resolver uno de los problemas más frecuentes en las estilográficas modernas.






martes, 27 de septiembre de 2016

Resultados

Ya se han recibido las tres peticiones desde España y desde el Extranjero, respectivamente. Los más madrugadores han sido:

Desde España: Alejandro GC; David MG y Julián D

Desde el Extranjero: Leonardo (Venezuela); Raquel (Chile) y Angel (Italia)

Felicidades a los amigos que han obtenido las Dollar. A quien no lo haya hecho ya, ruego el envío de un domicilio para podérselas hacer llegar. También les pido un poco de paciencia porque estoy fuera de España estos días y será al regreso cuando me ocupe de ello.

 Siento muchísimo no haber podido enviar una pluma a todos y cada uno de los que tan amablemente me han escrito con palabras llenas de ánimo y de apoyo. Todos merecen mucho más que esta modesta estilográfica y, desde luego, cuentan con mi más profundo agradecimiento.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Addenda Sorteo

Queridos amigos: la avalancha de cartas ha sido tal que las tres plumas destinadas a España ya tienen sendos dueños a quienes se informará próximamente pidiendo sus datos de envío. Lamento profundamente no poder atender todas las peticiones que, sinceramente, es lo que quisiera poder hacer, pero hasta los mejores deseos tienen sus limitaciones.

Sin embargo, aún queda una pluma destinada al extranjero. Es posible que alguno de los que me hayan escrito lo hayan hecho, aunque no lo hayan especificado. Si es así, ruego que lo hagan. Si no, seguiremos esperando al tercer afortunado.

Lo que más me ha conmovido de los cartas ha sido, debo subrayarlo, las amabilísimas palabras de todos los amigos que se han molestado es escribirlas y que, desde aquí, públicamente agradezco.

Un fuerte abrazo para todos


Medio Millón de visitas. Algo para celebrar

Paso a paso, hemos llegado entre todos a una cifra de visitas impensable para mí hace muy poco tiempo. Medio millón de cualquier cosa es una cantidad impresionante pero en este caso refleja con fidelidad la estabilidad y el sorprendente progreso de este modesto proyecto que comenzó como una descuidada diversión y ha acabado por convertirse, me atrevo a decirlo ya, en un confortable lugar de encuentro para todos los estilófilos de habla hispana.

He procurado ir adaptando las entradas a los gustos y requerimientos de todos los amigos que por aquí pasan. Ideas que han tenido poco acogida han ido dejando paso a nuevas metodologías y diferentes temas que permiten mayor flexibilidad y un canal de comunicación más ágil. El rigor que procuro imprimir a los textos y el escaso tiempo del que dispongo, han hecho que las entradas se simplifiquen algo en lo metodológico, así como en el aspecto gráfico, siempre en beneficio de una frecuencia y una regularidad que me parecen trascendentales para mantener el contacto y que todos encuentren algo de interés con una sistemática frecuencia.

Sea como fuere, el rampante número de visitas me obliga, una vez más, a agradecer a todos ustedes su presencia, su apoyo y sus ánimos; y para materializar el afecto y la deuda que tengo con mis amigos lectores, voy a obsequiarles con algunas plumas que, en este caso, son unas magníficas Dollar 717i, unas humildes piezas pakistaníes de pistón con una calidad asombrosa para su rango de precio.



Para optar a estos modestos regalos que. como siempre,  son meramente simbólicos, voy a dar preferencia a los más madrugadores. Propongo, esta vez, que los interesados escriban a mi correo de contacto pedrohaddock2014@gmail.com. Basta con decir que se desea participar.

Las tres primeras cartas que sean recibidas desde España y las tres primeras desde el extranjero, serán las acreedoras de estas modestas estilográficas que los ganadores recibirán, junto con mi agradecimiento, una vez confirmado el domicilio de envío y, desde luego, sin cargo alguno.

Concluyo agradeciendo de nuevo los lectores su paciencia, sus valiosísimas contribuciones y su incombustible lealtad. Si de algo me siento orgulloso es de haber contribuido a que todos los estilófilos de habla hispana tengan aquí un acogedor, cálido y provechoso punto de encuentro.




jueves, 22 de septiembre de 2016

Cómo nació la estilofilia y por qué.

La estilofilia considerada como afición no es tan antigua como pudiera parecer. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la estilográfica fue un elemento funcional hasta hace pocas décadas; antes, era un instrumento práctico que no se coleccionaba ni se acumulaba. Cumplía su función y poco más. Salvo excepciones, las personas tenían una o, como mucho, unas pocas estilográficas para usarlas a diario.

La estilofilia nació, básicamente, en los años 70 del pasado siglo. Para entonces, la época dorada de la estilográfica había pasado hacía casi veinte años y el bolígrafo reinaba en el mundo de la escritura. Como en todo cambio tecnológico rápido, las plumas fueron abandonadas con rapidez mientras el usuario normal se desprendía de sus engorros y los sustituía por la comodidad y, sobre todo, el precio, de los nuevos instrumentos. La industria de la estilográfica se colapsó y los rastros, mercadillos y anticuarios se llenaron de plumas de segunda mano a precios de derribo. Añorados tiempos en los que era posible encontrar grandes modelos por un puñado de monedas.

(foto:bonneappetour)

En los años 1970, nació la primera generación de coleccionistas. Se trataba de gente joven que apreciaba las viejas estilográficas y sus por entonces obsoletos encantos. Fueron ellos los que comenzaron a apreciar la belleza de las formas, la hermosura de los sistemas complicados y el encanto de los viejos materiales, cosas todas que, frente a los bolígrafos, aparecían a sus ojos como valores a conservar. Además, comenzaron a apreciar las diferencias funcionales entre las plumas y los nuevos reyes del mercado y a darse cuenta de las diferencias que, para la escritura a mano, había entre éstos y las ventajas funcionales que ofrecían las estilográficas.

Aquél grupo de coleccionistas actuaba individualmente, porque no había ninguna organización ni grupo dedicado a las estilográficas, pero su iniciativa fue la que dió origen a las primeras colecciones serias. Ellos fueron, además, los que adquirieron masivamente aquellos instrumentos que nadie quería y gracias a su celo y, todo hay que decirlo, al poco precio que entonces tenían, consiguieron rescatar de la trituradora y del olvido una ingente cantidad de plumas históricas que aún hoy circulan por el mercado.


(foto: Joe Haupt)

Aquellos pioneros aprendieron a base de mucho esfuerzo. Recordemos que entonces no había internet y las fuentes de información eran más que limitadas: antiguos empleados, material gráfico de los fabricantes, catálogos, anuncios de prensa y documentación propia de cada marca. Cosas todas de difícil acceso y corto recorrido. Lo que hoy se consigue con apenas 10 segundos de búsqueda, llevaba años a los dedicados estilófilos de hace unas décadas.

Aquello primeros aficionados aprendieron también a restaurar las plumas. Hasta entonces, eran los servicios técnicos de las marcas las que lo hacían, pero la desaparición de la mayoría de ellas, hacía imposible recurrir a fuentes oficiales. Fue a base de ensayo y error, en la mayoría de las ocasiones, cómo los estilófilos aprendieron a reparar y mantener los viejos modelos. Algunos, comenzaron a replicar algunos recambios para modelos emblemáticos, y así nació una pequeña industria de restauración y piezas que aún sobrevive.


(foto: Sailor)

En aquellos años, los coleccionistas eran capaces de completar colecciones enteras de modelos y, además, con un estado de conservación casi perfecto. La liquidación de la industria había dejado en el mercado ingentes cantidades de plumas que nadie quería y que solo adquirían un puñado de aficionados que reconstruyeron gamas enteras de productos con el solo apoyo de su afición.

Naturalmente, todas aquellas colecciones se completaron con un enorme dispendio de tiempo y esfuerzo que culminó con el nacimiento de los primeros penshows, muy pequeños al principio, y muy limitados en cuanto a sus participantes, pero ideales para conectar a los aficionados y crear una comunidad que iba a crecer lenta, pero paulatinamente. Con todo, las relaciones entre estilófilos eran muy competitivas, lo que dió origen a uno de los principios básicos del protocoleccionismo: que la carga de asegurarse la bondad o legitimidad del producto pesaba sobre el comprador. Aquel que no fuera un experto, que no estuviera bien informado, o que ignorase aspectos esenciales del producto, corría el riesgo de ser engañado; era su responsabilidad adquirir esos conocimientos antes de hacer ninguna compra. Muchos sufrieron novatadas que más tarde hicieron sufrir a nuevos aspirantes. En parte, este sigue siendo uno de los principios de los penshows y de la compraventa de plumas usadas en general: caveat emptor, el cliente debe ser precavido.


Muchos de aquellos coleccionistas, hicieron de la estilofilia un sistema de vida y se convirtieron en profesionales. Vendían plumas, las reparaban o las cambiaban. Esto dió origen a un mercado de segunda mano esencialmente liderado por los pioneros de antaño. Los establecimientos que abrieron, los viajes que debían hacer para asistir a los penshows, y el personal necesario para gestionar el negocio, incrementaron los costes de la actividad y, consecuentemente, produjeron un aumento en el precio de las plumas que vendían. A finales de los 80 y primeros 90, la estilofilia había adquirido patente de notoriedad y los penshows se multiplicaban a lo largo del mundo, a la par que intenet comenzaba a mostrar de lo que era capaz. En 1992, Montblanc lanzó su primero edición limitada, la Hemingway, y Parker reeditaba la Duofold.


El fulminante éxito de estos modelos detonó un fenómeno que terminó inundando el mundo con nuevas estilográficas y nuevos paradigmas, con sus actualizadas prioridades y su mercado emergente. El precio de las plumas antiguas se disparó; nació el espacio global de internet y los antiguos coleccionistas se enriquecieron vendiendo sus colecciones.

Todo esto duró hasta la recesión de 2008. Entonces acabó la segunda edad de oro de la estilográfica. Los precios cayeron, las ventas se paralizaron y la avanzada edad comenzó a acabar con los viejos estilófilos. Este es el momento en el que una nueva generación aparece en escena.

(Continuará?...)






lunes, 19 de septiembre de 2016

Pilot Custom Legance: Una segunda fila muy aventajada

Dentro del enorme catálogo estilográfico de Pilot, hay algunos modelos poco conocidos, como la Stella o la Grance, generalmente reservados para el mercado japonés y que, por alguna razón que se me escapa, quedan en una segunda fila tras los grandes iconos de la marca. Esta segunda fila no responde en absoluto a una menor calidad sino, probablemente, a un diseño más tradicional, menos atractivo que los modelos de exportación.

La Legance (supongo que tendrá que ver con elegancia en francés) es una de estas plumas modestas, discretas, casi inadvertidas, pero de enorme calidad y belleza. Es un tipo de pluma de tamaño comedido que me recuerda a la Parker 75, entre las clásicas y, sobre todo, a la Delta Vintage, entre las modernas. La Pilot mide 133 mm. que no la convierten en una estilográfica pequeña pero sí muy adecuada para ser llevada en el bolsillo de la chaqueta por su poco peso y su forma adaptable a cualquier bolsillo.


En cuanto a tamaños, me parece que actualmente hay dos grandes tendencias: En cuanto a las plumas de escritorio, la de aumentar su tamaño y presencia. En cuanto a las plumas portátiles, a usar los modelos baratos de plástico. Un ejemplo de las primeras son las modernas Delta Federico Media, Pelikan M800 y Pilot 845 entre otras muchas; y, entre las segundas, las Prera, Kaweco, Metropolitan, Lamy, Preppy y Vpen. entre infinidad de marcas y modelos. Faltan, pues, aquellas venerables plumas portátiles de calidad y tamaño contenido, comenzando por la maravillosa Parker 51 y terminando en la ya referida Delta Vintage; plumas de menos de 140 mm de largo, reducido grosor y extrema ligereza.



La Legance es una de estas plumas, bien equilibrada, extremadamente ligera y con unos acabados de la máxima calidad. Su apariencia es clásica pero bien adaptada a los gustos modernos; tiene rasgos de otros modelos pero conserva su personalidad y se permite ciertas licencias estéticas o de diseño que la hacen muy original.


Para empezar, se trata de una pluma de resina marmorizada. Desde la Serie Custom Impressions, Pilot no había producido modelos con este material. Según Pilot, se trata de una resina "Pio Nate" especialmente fabricada para esta estilográfica, yo  me atrevería a decir que en Italia. Se ha realizado sobre ella un esmerado pulido que le confiere un brillo realmente espectacular, digno de los mejores celuloides europeos. Su tacto cálido, delicado y suavísimo, es verdaderamente espléndido.


Las formas de la Legance recuerdan inmediatamente a las de la 98s Legno, una pluma muy parecida que también quedó en un segundo plano dentro del catálogo de Pilot pero que merecía más. La Legance es más sutil, una vez depurados el anillo central y el clip y, sobre todo, adornada con bellas resinas multicolores. La que presento es un color marrón tabaco de impresionante profundidad y hermosura.


En esencia, la Legance es una Custom Heritage, es decir, una pluma de extremos truncados y líneas muy depuradas, con poca o ninguna concesión a las florituras. El uso de plateados en lugar de dorados, refuerza esa impresión de sobriedad y elegancia. La resina se usa para toda la pluma excepto la boquilla y una pequeña franja del cuerpo donde va la rosca. Se trata de un diseño muy poco frecuente hoy en día.


El clip ha sido totalmente rediseñado. no se parece al clásico plumín Pilot acabado en una bola, pero tampoco a los de la serie Custom. En realidad, se trata de una puesta al día de clips clásicos como el que lucía la vieja Pilot R. El resultado es magnífico y aporta a la pluma una gran belleza y originalidad. A alguna distancia, la pluma no se reconoce como una Pilot. En su parte frontal, exhibe en vertical, y con letra muy discreta, la palabra "Pilot"


El anillo central, mucho más simplificado que el de la 98s, también es muy elegante, con la leyenda simplemente grabada pero no rellenada en  negro y únicamente con las letras "Custom Legance" y, al reverso, "Japan". El anillo no es uniforme sino que aparece en dos planos, estando resaltado el superior donde aparecen las grabaciones.


El plumín es el ya conocido y soberbio Pilot nº 5, una pieza de contenido tamaño aunque suficiente presencia como para no pasar desapercibido. Que yo sepa, solo se ofrece en dos tamaños: F y M. Tratándose de una pluma portátil, las medidas son adecuadas para un uso intenso y poco consumo de tinta.

La carga de esta recatada pluma se lleva a cabo mediante el impresionante convertidor CON-70 de Pilot, el mejor del mundo y con una asombrosa capacidad de tinta. EL uso de este enorme convertidor en una pluma de este tamaño da idea de con qué cuidado ha sido diseñada y de cómo se han extremados los detalles funcionales.


El único inconveniente de esta hermosa estilográfica es, aunque pueda sorprender, su precio.  Se puede encontrar a partir de unos 120 euros lo que, si bien es justo, supera en casi el doble a, por ejemplo, una Pilot 74 y, sobre todo, a una 91, su directa competidora. Incluso se acerca al de la 912 con su gigantesca oferta de plumines. Es cierto que sus materiales son distintos, sus acabados superiores, que la Legance tiene más personalidad y es menos conocida, pero la diferencia de precio es demasiado sensible para un rendimiento funcional totalmente equivalente.


Con todo, la Legance es una pluma a destacar dentro del catálogo Pilot y, aunque su precio la haga situarse en un plano más exigente, su gran belleza y la delicadeza elegancia de sus formas y acabados,  la convierten en un ejemplar digno de admiración.









jueves, 15 de septiembre de 2016

Jinhao X750 y plumilla Zebra: la flexibilidad a su alcance

Traigo a la consideración de los lectores una operación de bricolaje estilófilo muy en boga últimamente. Visto el moderno gusto, o la moda, por los plumines flexibles y la dificultad en conseguirlos a un precio razonable, muchos aficionados se han dedicado a explorar las posibilidades existente en el mercado y así, han llegado a la solución de combinar una plumilla flexible con una estilográfica china.

La solución es óptima porque, por un lado,  permite probar una plumilla muy flexible  y, por otro, hacerlo a un precio mínimo. Si a ello añadimos la diversión de montar, desmontar y jugar un poco con la mecánica y, sobre todo, el nulo riesgo que todo ello comporta, entenderemos el éxito de esta imaginativa solución cuya autoría no me corresponde.


Para conseguir este instrumento es preciso adquirir dos elementos básicos: una pluma y un plumín.

Comenzaremos por lo segundo. Las conocidas plumillas G de la japonesa Zebra, muy utilizadas en el dibujo de mangas,  son piezas diseñadas para ofrecer una gran variación de trazo gracias a un bien pensado sistema de cortes en el metal.



Se trata de plumillas de acero que suelen venderse en cajitas de 10 a precios muy asequibles. Puede obtenerse por menos de 10 euros el juego, es decir, un euro por unidad.


Las G son plumillas sin iridio, pensadas originariamente para dibujar y para ser usadas con palillero.


Vamos con el segundo elemento: la pluma. Un día, algún curioso aficionado se dio cuenta de que las medidas de la G coincidían casi perfectamente con el generoso alimentador de la Jinhao X750, una conocida pluma china que se vende por apenas 3 euros y que ofrece una magnífica relación calidad/precio.


Es, como era de esperar, una pluma metálica con varias terminaciones y un razonable nivel de acabados.


Lo primero que necesitamos es desmontar el conjunto plumín/alimentador de la Jinhao. Como ya hemos visto en otras ocasiones, se hace asiendo con fuerza el conjunto y tirando hacia fuera. Si es necesario, podemos utilizar una cámara vieja de bicicleta para mejorar el agarre.


Si comparamos el plumín de la Jinhao con la plumilla G veremos que, aunque muy parecidas de medida, son ligeramente diferentes en cuanto a su ángulo de curvatura.


Esto significa que, así como el plumín original se asienta perfectamente en el alimentador...


...la plumilla de Zebra no, lo que hace que se vea un hueco entre el acero y el plástico,


Esto constituye un problema porque, para un funcionamiento perfecto, la plumilla debe quedar totalmente ajustada al diámetro del alimentador. Para conseguirlo, hemos de usar un alicate de boca ancha que, aplicado a la plumilla, nos permitirá achatar sus formas y reducir su curvatura. Con ello conseguiremos que se ajuste al alimentador.


Hay que actuar con cuidado e ir apretando poco a poco, comprobando cada vez con el alimentador, hasta que veamos que la pieza ajusta perfectamente. Hay intervenir sobre toda la parte de la plumilla que está en contacto con el alimentador, no sólo la trasera. En cambio, no se debe actuar sobre la punta, que quedará fuera del mismo.


Cuando hayamos comprobado que la plumilla se ajusta perfectamente al alimentador, habremos concluido con la operación mecánica. Aquí vemos cómo la Zebra se ajusta perfectamente al alimentador.


A continuación, hay que ajustarla. El truco consiste en alinear el hueco existente entre el primero y el segundo de los aletines del alimentador con el primer corte lateral de la plumilla. Así alineadas ambas piezas, el rendimiento será correcto.



La lengua anterior del alimentador debe quedar perfectamente pegada a la plumilla. No debe haber ningún espacio entre ambos.


Ahora, se trata de introducir el conjunto en la boquilla. Para ello, hay que tener en cuenta que el alimentador solo entra en una posición, porque la boquilla tiene un pequeño resulta que impide hacerlo de otra manera.


Podemos ayudarnos con la lámina de caucho para lograr un buen ajuste. Es posible que ambas piezas se muevan durante la operación y no queden alineadas como queda dicho; no hay que desanimarse sino volver a sacar el conjunto y repetir la operación hasta que lo consigamos. Con paciencia, se logra.


Conviene manipular el conjunto con cuidado para no dañar los maletines del alimentador ni la punta de la plumilla.


Una vez terminado el trabajo, podemos comprobar el resultado. La plumilla no deja de ser tal, es decir, que carece de iridio y ofrece una sensación algo ruda, sin la suavidad típica de la estilográfica. Pero sí consigue una gran flexibilidad que se aprovecha mejor, en mi opinión, en el dibujo. Para la escritura, salvo adornos o ciertas manos clásicas, resulta de difícil manejo porque tiende a rascar en cuanto se aparta del ángulo óptimo de ataque.


Si no se aprieta, se consigue una línea extrafina y, a medida que se aprieta se consigue una apreciable variación del trazo.


El flujo de la pluma es correcto y no se interrumpe ni cuando se fuerza la apertura de los gavilanes. Ello indica que el sistema funciona. No obstante, es aconsejable usar tintas muy fluidas.


En resumen, esta operación casera permite disponer un instrumento muy agradable para jugar con la variación del trazo al irrisorio precio de 3 euros. La pluma, por lo demás, resulta muy elegante con el prominente plumín Zebra y, junto con el placer de usarla confiere al usuario, además, una buena experiencia mecánica.