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lunes, 31 de octubre de 2016

La estilofilia del futuro

Hemos tenido aquí la ocasión de hacer una pequeña referencia al nacimiento de la estilofilia y de cómo se desarrolló esta afición. Me preguntaba, al terminar, si aquellas bases y aquellos presupuestos que marcaron el punto de partida, se desarrollarán en el futuro y de qué manera. Comenzaré por decir que, en mi opinión, sí lo harán aunque es muy probable que la estilofilia del futuro sea muy distinta de la original. De hecho, creo que este humilde blog es un buen ejemplo de ello.

Analizando con una cierta sistemática el interés de los lectores, las entradas más visitadas y las plumas por las que más me preguntan, es posible llegar a algunas conclusiones que permiten identificar o, al menos, dar una pequeña idea, acerca de cómo se desarrollará nuestra afición en los próximos años.



1.- Un estilófilo es un estilófilo. Esto quiere decir que, jóvenes o veteranos, todos amamos lo mismo: las bellas formas, los arriesgados diseños, la cualidad de los materiales o la complejidad de las mecánicas. Todo ello acompañado de un desempeño funcional óptimo. A todos nos apasiona conseguir información sobre los modelos, su historia y cuál es su lugar en el tiempo y el espacio. A todos nos gusta compartir nuestro conocimiento creando foros, blogs, videos o redes sociales. Todos, por fin, nos sentimos miembros de una comunidad internacional con la que es sencillo entenderse y con la que casi siempre podemos intercambiar experiencias.

2.- Un estilófilo moderno no creció usando estilográficas. Al contrario que los veteranos, la inmensa mayoría de los modernos aficionados nació con el bolígrafo o después de él. Este fue su instrumento básico de aprendizaje, de trabajo y de entretenimiento. Sus primeras referencias a la estilográfica fueron las de sus padres o abuelos y, con mucha frecuencia, sus primeras plumas son las de sus ancestros en una suerte de arqueología de la memoria que se quiso recuperar. La mayoría de los estilófilos modernos lo son por afición; los veteranos lo fueron antes por necesidad.

Éstos, aprendieron a escribir con estilográfica, los nuevos, necesitan familiarizarse con muchos conceptos básicos que aquéllos han conocido siempre.


3.- La escritura es la diferencia. Los veteranos no solo aprendieron a usar las plumas sino que aprendieron a escribir con ellas y, por tanto, dominan la escritura a mano, el cuidado, y la caligrafía. En la enseñanza moderna, esos conceptos ya no forman parte del temario. Apenas se estudia caligrafía y, desde luego, no se practica con pluma y tinta. La letra cursiva inglesa, por ejemplo, una disciplina típica que se impartía a los escolares de todo el mundo hasta los años 40, es hoy una rareza que levanta pasiones entre los nuevos aficionados que, sin embargo, tienen que aprender a dominarla desde sus rudimentos puesto que nunca se la enseñaron. Los veteranos escribieron a mano porque no había otra alternativa. Los modernos escriben a mano, sobre todo, por placer.


4.- La oferta se dispara. Por mucho que los veteranos hayan crecido con la estilográfica, sus posibilidades de elección siempre fueron infinitamente menores a hoy en día. Cualquier joven aficionado tiene a su disposición, por ejemplo, un catálogo interminable de tintas, con colores absolutamente increíbles hace apenas quince años. La tinta para un moderno estilófilo es una fuente de experimentación y de placer. Para el veterano, era un simple combustible. En materia de estilográficas, la oferta de modelos, materiales y colores, alcanza hoy un número estratosférico. Es cierto que hay menos marcas en el mercado, pero cada una de ellas cuenta con un catálogo que se multiplica y se renueva cada pocas semanas, ofreciendo al aficionado un abanico de posibilidades que ningún estilófilo veterano soñó nunca poder ver. La venerable Parker, por ejemplo, cimentó su imperecedera fama en apenas un puñado de modelos relevantes. Pilot, por contra, ofrece hoy a sus compradores docenas de plumas al mismo tiempo, todas ellas de magnífica calidad. Los plumines clásicos, en general, se limitaban a dos o tres medidas, y hoy es posible encontrar una variedad ingente de acabados, materiales y diseños. siguiendo por Pilot, ofrece para muchos de sus modelos, más de quince modalidades que, multiplicadas por sus diferentes grosores, arroja un total de cuarenta y cinco posibilidades. Sailor, a su vez, hace lo propio con sus plumines especiales.





5.- Es la economía. El planteamiento económico de los estilófilos veteranos era radicalmente distinto al que tendrán que afrontar los del futuro. Como vimos, a partir de los años 70-80, el mercado secundario de estilográficas estaba por los suelos. Las plumas no eran antigüedades sino objetos obsoletos que apenas valían nada. Además, el escaso tiempo transcurrido desde la gran crisis hacía que hubiera un enorme mercado de material NOS (descatalogado aunque sin usar) que se ofrecía a precio de liquidación. Por último, los usuarios de desembarazaban de sus estilográficas a cambio de nada. La intervención de aquellos coleccionistas, que fueron capaces de conseguir gamas enteras de cada marca por muy poco dinero, incrementaron los precios hasta el punto de que hoy resulta casi imposible hacerse con una colección semejante. Los nuevos estilófilos adquieren plumas baratas en China, en India y en Japón, además de los modelos baratos de las grandes empresas generalistas europeas como Lamy o Kaweco.

Un coleccionista actual no puede permitirse el lujo de adquirir la gama clásica completa de Parker, porque le costaría decenas de miles de euros. Si una 51 normal, en buen estado, costaba menos de un euro en 1975, hoy no es posible encontrarla por menos de 90 ó 100. Una Duofold roja de los años 20 costaba 5 dólares por entonces y hoy no se encuentran por menos de 250. Si es una Mandarin en buen estado, no por menos de 400. Un simple juego de Parker Vacumatic que incluya los cinco colores clásicos, no costará menos de 500 euros y si añadimos las del tamaño Máxima, la cuenta subirá por encima de los 2000. Pero, además, la cuestión es que todas esas plumas se enfrentan a una competencia feroz por parte de las nuevas marcas líderes del mercado. Por 1500 euros es posible hacerse con un juego de plumas cuya calidad cortaría la respiración hace algunos años: un par de buenas japonesas, una Pelikan y un puñado de ejemplares de nuevo cuño y precio ultrarreducido con variedad de plumines, acabados y colores que hacen poco atractiva cualquier alternativa vintage.

Las ediciones limitadas que comenzaron en los años 90 se enfrentan a un futuro poco halagüeño. El exceso de oferta y el recurso a los precios altos como modelo de negocio están al límite de su capacidad. Es probable que siga existiendo este tipo de plumas, pero ni su precio ni su valoración en el mercado secundario tendrán ya demasiado recorrido.


6.- Los penshows son para quien los trabaja. Los viejos estilófilos miran con desconfianza a los nuevos que acuden a los penshows. Tocan mucho, preguntan por todo y no compran casi nada. Los precios no se ajustan a la nueva situación económica de los aficionados. Éstos, a su vez, examinan arrobados los viejos y míticos ejemplares pero no son capaces de agotar sus escasos recursos en solo uno de ellos cuando las alternativas modernas les ofrecen infinidad de posibilidades a mucho mejor precio. Para colmo, los nuevos aficionados no están acostumbrados a regatear ya que han vivido en un mundo de precios fijos. si el vendedor no ofrece rápidamente un precio ajustado, se irán a otro puesto a la primera de cambio. Además, Internet no facilita demasiado negociar precios pero sí compararlos, con lo que los nuevos estilófilos están mucho mejor informados de lo que estuvieron nunca los veteranos. Cualquier etiqueta de alto precio necesita ser muy bien justificada para que el potencial comprador se anime y eso es difícil de conseguir cuando no entiende bien la especificidad de un modelo antiguo y sus condiciones. Los vendedores deben aprender a transmitir el valor de sus ejemplares y no solo su precio. Deben esforzarse en instruir sobre las plumas y no limitarse a exponerlos. Deben responder con entusiasmo y habilidad y no esperar que alguien les ponga los billetes en la mano.

En conclusión, me parece evidente que el actual ciclo estilófilo difiere en esencia del anterior por razones de peso que afectarán, por un lado, al coleccionismo completista o de totalidad. Por otro, al futuro de las ediciones especiales de lujo y su concepto mismo. Finalmente, afectará al modelo de intercambio de ejemplares, su precio y su catálogo. Creo que en estas tres grandes ejes se resumen los demás. El tiempo lo dirá.



viernes, 28 de octubre de 2016

Los bolígrafos delgados.

No hace falta que subraye aquí mi pobre apego por esos instrumentos de escritura conocidos como bolígrafos; ante todo, porque les imputo la autoría de un delito de asesinato (afortunadamente en grado de frustración) de mis amadas estilográficas. Pero también les reprocho su pobre adaptación a los mejores hábitos de escritura y su casi absoluta incapacidad para expresar con fidelidad la belleza de la caligrafía. Deben tener alguna virtud de la que, por desgracia, ahora mismo no quiero acordarme.

Bromas aparte, el bolígrafo se ha convertido en un instrumento universal. Lejos ya los tiempos de los provectos Bic y de su clásica estética; recordemos que se trata de un verdadero icono ya que un modelo cristal de 1950 está en el MOMA de Nueva York. Los bolígrafos modernos no han experimentado el mismo desarrollo cualitativo que nuestras queridas estilográficas aunque, eso sí, han inundado el mundo con su ingente número y su ubicuidad.

Si lo pensamos fríamente, comprobaremos que los bolígrafos no han experimentado grandes cambios estéticos o técnicos a lo largo de los años. Un Bic de 1950 es exactamente igual al de hoy en día. Los bolígrafos se presentan en miles de variedades, sí, pero alguna de sus características ha permanecido casi invariable a lo largo de su historia, como ocurre con el grosor.Pese a este relativa paralización estética del bolígrafo, del Imperio del Sol Naciente siguen fluyendo novedades y diseños que buscan mantener al bolígrafo en el trono que, nos guste o no, ocupa desde hace más de cincuenta años entre los instrumentos de escritura. 

Ha habido, sin duda, bolígrafos anchos y delgados, pero el instrumento estándar es, en éste aspecto, casi siempre demasiado estándar. Incluso entre los modelos más modernos, el grosor medio de un bolígrafo es casi siempre parejo. Pues bien, los fabricantes japoneses están poniendo de moda un nuevo estilo: el de los bolígrafos delgados o slim.  Esto se aprecia especialmente en oriente donde junto a las miríadas de ejemplares parecidos, destacan ciertos expositores con este tipo de instrumento que se me antoja especialmente agraciado en lo estético y que aporta, además, alguna ventaja añadida.



Los bolígrafos slim tienen la misma capacidad que sus hermanos más gruesos, con la mitad de espacio y su esbeltez les otorga, a mi juicio, una atractivo indudable. Se parecen, perdóneseme la herejía, a un palillero antiguo o a un pincel. Si a ello unimos su ligereza, su impecable funcionamiento,  la variedad de colores que presentan y la calidad de su construcción, estaremos ante instrumentos que, aunque sea por una vez, podemos dejar que llamen nuestra atención.


Los bolígrafos que aquí muestro son dos japoneses:  Mitsubishi Uni-Style Fit y un Pilot Frixion.


El modelo de Mitsubishi es una versión muy esbelta de su bolígrafo de gel  Signo DX. Con esta forma, se convierte en un instrumento de gran belleza y elegancia, además de extremadamente portátil por su sorprendente ligereza.


El modelo de Pilot es, a su vez, una versión muy aligerada de su conocido Frixion. Con esta nueva forma, algo más gruesa que la de los Mitsubishi, ofrece algo parecido a un pincel, ultraligero y cómodo, para poder llevar en cualquier parte con el mínimo bulto y la máxima comodidad.


Ambos modelos se presentan en más de quince colores. Son bolígrafos de gel, así que su gama es amplia y su rendimiento magnífico.


El Frixion Slim cuenta con su correspondiente pieza de borrado, junto al mecanismo de deslizamiento y apertura del bolígrado, del tipo palanca lateral. Es un sistema cómodo y sencillo que funciona impecablemente.



Los Uni-Style Fit opera apretando un botón superior, al estilo más clásico. El botón, translúcido, es del mismo color que la tinta para facilitar su identificación en cualquier momento.


El cuerpo de los Mitsubishi es gris pero la boquilla es transparente y permite ver el color de la carga. El cuerpo de Pilot es del color que corresponde a la tinta aunque la boquilla es igualmente transparente.


La carga de los Mitsubishi aparece recubierta con una fina película con el color correspondiente.


La carga del Pilot es, toda ella, de un plástico del mismo color que la tinta que contiene.


Las boquillas de ambos modelos se desenroscan para poder extraer la carga y proceder a su recambio.
La carga de Pilot es menos generosa que la de los Uni-Style fit, lo que augura una menor duración.


El mecanismo en ambos bolígrados es el retractil por muelle interior, en este caso alojado en la parte superior para que la boquilla quede limpia de mecanismos. La punta es muy fina, en el caso de ambos, 0,38 mm


El texto del fabricante está impreso en cuerpo el caso del Pilot pero se puede eliminar en el de los Mitsubishi quitando el plástico transparente que lo contiene.


Confío en que los amables lectores me perdonen este ligero excurso por terrenos poco habituales, En el mejor de los casos, habrá servido para entretener y para el peor, hago sincero propósito de la enmienda, llegado el caso.







miércoles, 26 de octubre de 2016

Madrid Pen Show 2016

Esta entradilla es solo para dar noticia del próximo Pen Show de Madrid, el más importante de Europa y una cita ineludible para cualquier aficionado.




El precio es muy asequible pero, si se desea, pueden conseguirse invitaciones rellenando este formulario.

Los buenos amigos de Iguana Sell son los patrocinadores del evento. Les deseo lo mejor y, por mi parte, estaré encantado de encontrarme con todos los estilófilos que visiten el PS el viernes 18.

¡Feliz Feria!



lunes, 24 de octubre de 2016

Diez Tintas de Lujo

Hace unos años que pasa con las tintas lo que ha pasado con algunas estilográficas: de un catálogo absolutamente anodino en cuanto a variedad y diseño, hemos asistido a una explosión de la mano de nuevos fabricantes, rompedores diseños y, sobre todo, una impresionante multiplicación de gamas de colores que harían abrir la boca al usuario de estilográficas de hace apenas veinte años.

Hasta casi finales del siglo pasado, era difícil encontrar algún color de tinta que no fuera negro, azul o rojo. En los años 90, como gran sofisticación,  Waterman comenzó a comercializar un turquesa y, sobre todo, la célebre Havana,  un interesante sepia que aportaba al estilófilo un cierto sabor antiguo que llamaba la atención. Los frascos de tinta costaban, por cierto, bastante menos de un euro. En nuestros días, en cambio, sólo el catálogo de Noodler's, cuenta con más de 80, con nombres tan sugestivos como "Atardecer Apache" o "Palidez de la Ballena". El de Diamine excede de los 100.

Hemos analizado aquí cinco tintas de uso cotidiano. Tintas de calidad, precio contenido y totalmente seguras para nuestras estilográficas. Pero como cada cosa engendra su opuesta, me he propuesto presentar ahora diez tintas en las que el precio no sea problema y que sus características de presentación, de resultado o de concepción, sean lo más llamativo. Son, dicho de otra forma, tintas de lujo. El precio de alguna de estas tintas casi puede superar el de líquidos tan caros como la tinta para impresora, un buen perfume o un whisky de malta (por este orden). Un litro de Graf von Faber-Castell costaría, por ejemplo, 400 euros y uno de Caran d'Ache, 600. Pasen y vean.

(los precios son aproximados y no incluyen transporte)

Graf von Faber Castell (30 euros, 75 ml.)

Una de las tintas más caras de la comparativa es esta exclusiva línea de Graf von Faber-Castell, una gama corta, de solo seis colores, entre los que falta, para mi gusto, un naranja y un violeta. Las tintas cuentan con una exquisita presentación en tarro de magnífico cristal con una base muy gruesa. Me gustan, especialmente, la Cobalt Blue y la Hazelnut Brown. Son tintas permanentes muy resistentes a agentes externos como los rayos UV, los productos químicos y al agua. Son densas, pese a lo cual, exhiben un hermoso sombreado.


Pilot Iroshizuku (25 euros, 50 ml.) 


Otra tinta cara de soberbia presentación. El tarro de las Iroshizuku es, junto con el de Levenger, de los más hermosos del mundo. Sobrio, consistente, limpio y derrochando calidad, el cristal de Pilot es digno del mejor perfume. Cuenta con un hueco inferior que permite aprovechar la tinta hasta la última gota. Las tintas Iroshizuku son también de las mejores del mundo; fluidas, jugosas, brillantes, ligeras, con una formulación perfecta para estilográfica y una gama de colores a cual más atractivo. Me quedo con el Tsuki-Yo, el Asa-Gao y el Yama-Budo

Pelikan Edelstein (15 euros, 50 ml.)

Pelikan, fabricante de tintas humildes, baratas y de gran calidad, no ha querido quedarse al margen de la moda de las tintas de lujo y responde a ella con una serie de ocho colores, algo corta de gama, pero galardonada con una elegantísima presentación en tarro chato de cristal grueso de gran calidad. Aún así, su precio resulta de los más asequibles.  Son tintas de calidad, ricas, saturadas, de densidad media y buena formulación para estilográfica. Me gustan la vívida Mandarin y la elegante Topaz


Caran D'Ache Chromatics (30 euros, 50 ml)



Se trata de la tinta más cara de la comparativa. La gama cuenta con doce colores muy vivos y llamativos aunque, en su mayoría, poco ricos en matices. En cambio, sombrean bien. El tarro es de gran calidad aunque no me acaba de convencer ni la anodina etiqueta ni la base truncada en bisel aunque es cierto que permite aprovechar bien la tinta. Son tintas poco lubricadas, densas y que proporcionan un flujo poco marcado. Tampoco son brillantes ni lustrosas y, para colmo, tardan en secar. Me gustan la Idillic Blue y la Electric Orange, aunque son colores discretos.


Levenger (20 euros, 50 ml)

Las plumas Levenger se fabrican en Taiwan pero su tinta se hace en los Estados Unidos. Aún se discute  quién puede ser el fabricante aunque la mayoría de los aficionados apuesta por Private Reserve. Sea quien sea, los 12 colores de Levenger son ricos, profundos y con muy buen flujo. Lo más llamativo, con todo, es el bellísimo tarro de elegantes líneas en e que se presentan. Para mi gusto,  el más hermoso de todos los que aquí se muestran.

Montblanc Escritores EL  (30 euros, 35 ml.)

Las tintas Montblanc han seguido los pasos de las plumas de la marca. Sus precios, por tanto, se han disparado recurriendo a una línea de ediciones limitadas de elevado precio y diseño especial aunque, a mi juicio, no aportan gran cosa en el terreno estético. En el práctico, las tintas de la casa alemana siguen siendo densas y ricas, a la vez que eficaces. Aunque de calidad, los tarros no son demasiado originales ni vistosos. Los colores varían según el escritor homenajeado pero me gusta el turquesa de la Honoré de Balzac.

Diamine Shimmering (16 euros, 50 ml.)



Diamine ha revolucionado los catálogos de tintas con una colección absolutamente apabullante de bellísimos colores llenos de matices. Además de su gama normal, se ha lanzado ahora a producir tintas especiales entre las que destacan las shimmering o brillantes que contienen partículas doradas que se pueden ver en el sombreado de la tinta. Se presentan en un tarro especial aunque no muy agraciado. Las tintas brillantes ofrecen un efecto curioso y atractivo aunque no parece demasiado adecuado para la escritura formal. Tampoco confío mucho en su seguridad para ciertas plumas. Con todo, son colores enormemente llamativos, de entre los que destaco la Sparkling Shadows y la Magical Forest.

 Herbin 1670 (16 euros, 50 ml.)



Otro clásico de la innovación en materia de tintas, ha puesto en el mercado una corta gama de tintas que celebran su aniversario. Se presentan en un tarro de cristal de calidad, simple pero con detalles que lo hacen parecen muy antiguo, cerrado con lacre y adornado con otro en el lateral que guarda los cordones. Son tintas especialísima, muy originales y que también utilizan la mezcla de partículas doradas para enriquecer los matices y sombreados. Son tintas distintas entre sí y a cual más curiosa. La Caroube de Chypre, una tinta con una profundidad asombrosa, es fascinante.

Francesco Rubinato (26 euros, 67 ml.)


Rubinato es una casa italiana que fabrica diverso material para escritura aunque está especializada en plumillas para caligrafía. La mayoría de sus tintas también se dirigen al mundo de la caligrafía y los palilleros, pero también hay tintas para estilográfica. Hasta hace poco, contaba con apenas tres colores básicos pero ahora presenta estos nuevos tarros de aspecto antiguo y buena manufactura. Lo malo es su elevado precio. En cuanto a su calidad, todos dicen que es una buena tinta aunque no destaca por nada en especial. Me gusta la Blu, un azul lavado muy elegante.

Visconti (12 euros, 40 ml.)

Desde su nacimiento, la casa florentina ofrece una gama de tintas que se presenta en un originalísimo frasco, muy apropiado para aprovechar todo su contenido, aunque algo inestable a la hora de las recargas. Los frascos en cuestión se han puesto al día y siguen siendo únicos en cuanto a su diseño a un precio, de entre los de las tintas de lujo, mucho más comedido.  Las tintas Visconti son ligeras, con mucho flujo y buena lubricación. Los colores no son saturados de manera que ofrecen un buen sombreado. Me gusta especialmente la Sepia.

Esto es todo. Espero haber contribuido a dar algunos datos útiles para la selección de tintas. Hay ocasiones, en que todos nos merecemos un regalo especial.

(Todas las fotos son oficiales y pertenecen a las marcas)




jueves, 20 de octubre de 2016

Cumbres Nevadas: Meisterstück de Montblanc

La serie Meisterstück de Montblanc, hoy asociada al lujo y al paradigma de la pluma clásica es, en realidad, una pluma bastante moderna que apareció casi al final de la llamada era dorada de la estilográfica: 1952 . Sucedió a la exitosa y hoy casi mítica 139, una pluma, esta sí, de líneas clásicas, remates rectos, mecánica de pistón, discreta elegancia y magnífico desempeño.

Con la nueva serie Meisterstück (obra maestra, en alemán) Montblanc se limitó, en la práctica, a adaptar la 139 a las formas aerodinámicas que habían puesto de moda las plumas norteamericanas a partir de la pionera Sheaffer Balance que, a su vez, había visto la luz nada menos que en 1929, es decir, más de 20 años antes. La primera 149 se parecía mucho a la 139: mecanismo de pistón telescópico de metal, alimentador de ebonita, cuerpo de celuloide, ventana estriada  y plumín de oro tricolor. De todo esto, hoy sólo queda lo último (en presentación bicolor), porque el cuerpo, el alimentador y el pistón hace años que son de plástico, y el resto ha desaparecido.


La serie Meisterstück moderna se compone de tres modelos básicos; de más grande a más pequeña son: la 149, la 146 ( hoy llamada Le Grand), y la 144. Estos modelos se han multiplicado hasta el infinito mediante variación de materiales, ediciones especiales, diferentes mecánicas y algunas alteraciones estéticas o funcionales que han dado lugar a modelos intermedios como la 145 o, la más pequeña 114.

Hoy voy a hacer una breve reseña de los modelos más conocidos y tamaños básicos de la serie. Pretendo hacer una semblanza que destaque las diferencias fundamentales de estas plumas para  ayudar a los aficionados a identificar estos modelos y hacer correctamente su elección. Recordemos que Montblanc tiene la curiosa costumbre de no especificar el nombre de sus modelos ni la medida de sus plumines. No encontraremos estos datos en estas estilográficas.

Como es sabido, no siento una gran pasión por estas plumas. No por su cualidades funcionales sino, especialmente, por su transmutación en meros objetos de lujo y por sus precios disparatados. Ello no quita para que reconozca su belleza, su elegancia y, en general, su buen funcionamiento. Claro que cuando recordamos el precio que tienen, estas cualidades empalidecen ante la competencia. Para un estilófilo de pro, el mero lujo puede llegar a ser un concepto algo evanescente.

1. 114.


 La 114, comúnmente llamada Mozart, es una pluma minúscula. Es una estilográfica metálica que carga únicamente por cartucho ya que ni siquiera admite un convertidor. Cierra a rosca y cuenta con otra en el culote para poder colocar el capuchón y que la longitud total de la pieza permita su uso con un mínimo de comodidad.


Con todo, es una pluma muy pequeña, prácticamente inhábil para manos grandes y, en todo caso, para largas sesiones de escritura. Pero es una pluma simpática y fácilmente portátil aunque no pueda ir mucho más allá que tomar algunas notas sobre la marcha.


Estéticamente, es una verdadera Meisterstück y cuenta con todos los elementos estéticos de la serie. La boquilla, si embargo, es distinta, y el culote del cuerpo, más delgado para permitir colocar el capuchón en la rosca prevista al efecto.

2.- 144


Es la más pequeña de la serie normal. Se la conoce oficialmente por el nombre Classique. Aunque participa de la estética de los modelos superiores, es una pluma delgada. Es de tamaño moderado y sin el capuchón colocado puede resultar corta para una mano grande. Con él puesto, el tamaño es totalmente funcional.


Se trata de una pluma notablemente más sencilla que sus hermanas superiores.  Fabricada en plástico (lo que Montblanc llama resina preciosa), resulta un instrumento muy ligero y estilizado. Manejable y esbelta, es una pluma portátil adaptada a cualquier uso, siempre que no sea intensivo.


La carga se hace por cartucho/convertidor y el plumín, bicolor, resulta francamente pequeño aunque proporcionado al tamaño general de la pluma. El capuchón no va a rosca sino que se encaja a presión en el cuerpo. La boquilla acaba en un anillo dorado.


3.- 145


La 145, llamada Chopin, está situada en un escalón intermedio entre la 144 y la 146. Carece de algunas notas estéticas de la 144 como el anillo dorado en el extremo de la boquilla y el cuerpo liso, ya que, en este caso, el capuchón va roscado y no a presión como en la 144. Esto hace que se vea las correspondiente rosca en el extremo inferior del cuerpo.


La 145 utiliza el mismo plumín que la 144 pero aquí ya empieza a resultar ostensiblemente pequeño porque la pluma es notoriamente más grande. También se trata de una pieza bicolor, típica de la serie.


La estética general de la 145 se asemeja ya a los modelos superiores de la gama aunque en un tamaño más reducido.  Se trata de una pluma de tamaño funcional, más cómodo de usar que la 144 por su longitud y, sobre todo, su anchura.


4.- 146


La conocida oficialmente por Le Grand es, como ya hemos dicho, la pluma más equilibrada de la serie Meisterstück. De buen tamaño y bastante ligera de peso, es una estilográfica de gran presencia y magnífica funcionalidad. Fué la primera de la gama y sus cualidades estéticas son innegables; elegante, sólida y discreta, transmite solidez y calidad.


La 146 es la primera Meisterstuck con carga de pistón. Hoy está hecho de plástico, pero funciona correctamente, si bien se han escuchado recientes protestas sobre su calidad y, sobre todo, su estanqueidad. Tiene, con todo, una buena capacidad y funciona con gran suavidad.


El plumín de la 146 es de buen tamaño y realza la belleza de la estilográfica. El capuchón cierra a rosca y no necesita ser colocado en el cuerpo ya que el tamaño de la pluma permite que sea usada sin él. Esta pieza puede ser usada para todo tipo de trabajo ya que la escritura con ella tresulta muy cómoda y tranquila. Su principal inconveniente es, como ya se ha dicho, su excesivo precio.  

5.- 149



La cumbre de la serie Meisterstück es la paradigmática 149, una pluma de gran tamaño e imponente presencia, dotada del mejor plumín de la serie, una fabulosa pieza bicolor de impecable factura, multitud de opciones y peculiar tallado, todo lo cual permite una escritura de gran precisión.


La 149 es una pluma muy hermosa aunque probablemente no apta para todos los gustos. De primeras, resulta demasiado ancha y robusta, aunque solo usándola se aprecian sus fabulosas cualidades funcionales. Es, hay que reconocerlo, menos esbelta que la 146 aunque sus formas rotundas terminan por apreciarse con el tiempo.


Esta pluma carga por pistón, también de plástico y también protestado en ocasiones por algunos defectos mecánicos típicos de su genética constructiva. Montblanc parece haber hecho más esfuerzos por evitar que la pluma sea abierta y reparada por terceros que por la eficacia y precisión de su mecanismo.  Con todo, es una pluma que ya se ha convertido en un clásico entre los clásicos aunque, por contra, también se considere el epítome del lujo y, para sus enemigos, del oropel.

Concluye aquí está comparativa de tamaños y características básicas de la gama Meisterstück. Confío en haber podido aportar un conocimiento práctico y útil. Si, además, ha sido entretenido, habré cumplido mis intenciones.

Gracias a Ricardo por su permanente generosidad