En 1959, Sheaffer comercializó la que pretendía ser la pluma ideal para hombre: grande, ancha, discreta a la par que elegante, y con mínima ornamentación. Era un movimiento estilístico que se estaba dando en otros productos y que, tras los excesos de diseño de los años 50, comenzaban a inclinarse en favor de líneas más puras y sencillas. Pero la pureza de líneas no esquivaba uno de los elementos definitorios de la PFM: su gran presencia y sus más que generosas medidas. Esta pluma se apartaba de los delgados diseños de los años 50 y buscaba un producto en el que el tamaño importase , un cliché tradicionalmente masculino. La PFM, en el horizonte de sus más de 50 años de andadura, se ha ganado una sólida reputación de pluma de calidad y contundente presencia. Al mismo tiempo, se ha convertido en una pluma con enorme éxito entre los coleccionistas que han mantenido su precio en un rango relativamente alto entre las plumas de posguerra. Como no se fabricó en demasía, ha conseguido...
Plumas Estilográficas y Otras Cosas