Estoy seguro de que todos los lectores habrán oído alguna vez, sobre todo en boca de un político o de un fabricante, lo aconsejable que es comprar productos locales antes que de importación. En cuanto ello tiene que ver con la idiosincrasia nacional, los gustos y preferencias de un determinado sector, el estilo propio de un país o una región, nada he de decir. Pero que ello beneficie realmente a la industria, el mercado de trabajo o a la riqueza local, es cosa que merece la pena tratar, aunque sea someramente. Ante todo, tengamos en cuenta una cosa: en nuestros días, prácticamente ningún producto puede considerarse producido en un sitio determinado. Hasta las manzanas que compramos al agricultor de nuestro pueblo han sido fertilizadas, polinizadas, sulfatadas y envasadas con productos ajenos a la industria local. El coche que orgullosamente creemos alemán, o inglés, contiene piezas fabricadas en medio mundo y la hermosa camisa que exhibe una etiqueta francesa o española ha podi...
Plumas Estilográficas y Otras Cosas