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jueves, 15 de octubre de 2015

La Vieja Historia del Papel

Contamos de nuevo con la impagable colaboración de Iván R. Cortés, gran especialista que nos ofrece hoy una cautivadora historia del papel que, estoy seguro, nos dará nuevos y exclusivos datos acerca de este maravilloso soporte tan íntimamente ligado a nuestras estilográficas. Que Vdes. disfruten.


Esta es la vieja historia del papel. Pero no habría papel si no existiese la tinta y una herramienta con el que transmitirla. Así, pues, la historia de uno es de la otra también. Tras una larga y provechosa vida, ya en el otoño avanzado de su existencia y aunque pronto comenzarán de la mano el largo camino de descenso a los infiernos como si de un Orfeo y Eurídice se tratasen, intentaré contar su historia en esta época de píxeles donde las palabras que ahora escribo, en una extraña paradoja, tal vez jamás habiten sobre una superficie de papel. Y para ello me centraré en la etapa más moderna, su etapa más industrial, y obviaré a sus antecesores, como el papiro o el pergamino.


Ya habríamos oído hablar de ellos, las noticias viajan deprisa. Susurros de biblias ejecutadas a velocidades imposibles en Maguncia. Pero los primeros artesanos de los tipos móviles tardarían décadas en llegar a la península a través del Levante, subidos a las carracas aragonesas de velas cuadradas que surcaban el Mediterráneo. Allá por finales del XV. Alemanes trotamundos procedentes de Italia en busca de fortuna, al calor de las exenciones de impuestos que los Reyes Católicos con buen criterio habían estipulado en 1480 sobre los artículos de imprenta y los libros: "non se pida nin se pague, nin se lleve almojarifazgo, nin diezmo nin portazgo nin otros derechos algunos". Y tuvieron éxito. Las nuevas técnicas de reproducción empezaron a extenderse subidas a las carretas de los impresores que se instalaban donde más demanda hubiese. La solicitud de sus productos debido a su coste reducido y a la velocidad de producción, en contraposición al de los amanuenses, se encontraba al alza; todas las ciudades de importancia que se preciasen de serlo se peleaban por disponer de un taller de imprenta que alimentase su omnímoda burocracia. Esto también provocó que una nueva forma de ocio se extendiese en unas pocas décadas entre las clases altas de la sociedad en forma de gacetillas, fascículos, juegos de naipes, hojas volanderas y, su producto estrella, libros, que expandieron el humanismo, además del gusto por la novela cortesana o picaresca. Y como es inevitable esto produjo una fuerte demanda de papel porque el pergamino era poco idóneo para estos menesteres debido a su precio. Y, bueno, se llegó a un punto en que hubo que romperse la camisa, como en las mejores bodas…


La moda y la cultura hicieron causa común. A principios del siglo XV se había puesto de moda la camisa entre el género masculino y el papel tuvo un inesperado aliado en el reciclaje de los trapos viejos de lino y algodón. El papel antiguo se fabricó a partir de la celulosa procesada de estos materiales, siendo el resultado de muy buena calidad y a un precio económico. El libro se volvió un producto relativamente común y no una gravosa curiosidad histórica. La receta, del papel, ya se conocía desde hacía muchos siglos, la trajeron los árabes tiempo ha, pero nunca hubo una demanda tan alta como en ese momento histórico. Al mismo tiempo que surgían imprentas, se levantaban molinos papeleros y un nuevo oficio, el de trapero, se sumaba a los ya conocidos. 


Todo se mantiene inalterado hasta la invención de la máquina de vapor en el siglo XVIII y su adaptación a la imprenta. Una de aquellas máquinas es la rotativa de Marinoni, que inaugura una nueva época con los diarios de noticias en formato sábana, con tiradas diarias de hasta 40.000 broadsheet, como lo llamaron los ingleses. Un producto de mucho éxito entre una población cada vez más alfabetizada que estira al máximo la demanda de papel. Si en el siglo XV fueron las caras novelas de aventuras caballarescas, en el XIX es el económico periódico, las novelas de pocos céntimos, el folletín, con su formato en fascículos y las revistas ligeras, que en los países anglosajones se denominaron penny dreadful o dime novels. Son noches de furtiva lectura a luz de las velas de las aventuras de Sandokan, La Isla del Tesoro, Pinocho o los textos de Galdós. o de buscar respuestas en pasquines revolucionarios marcados con hoces y martillos... Los anticuados molinos papeleros en este contexto ya no pueden cubrir los pedidos y se desarrollan las fábricas de papel, que tras numerosas pruebas, escogen la madera como nueva materia prima para elaborar este producto ante la escasez de trapos. La primera fábrica en bobina en España se instaló en Manzanares el Real en 1840, fecha tardía respecto al resto de Europa. Le seguirán entre otras la Papelera Vasco-Belga, la Papelera Vizcaína, la Laurak-Bat… y más tarde la Papelera Española, que empezará a mirar a los ojos a la competencia foránea.
 

Celulosa. Es la materia básica del papel. Blanca, suave. Fibras y fibrillas enlazadas de este biopolímero que pulidas con calandras de acero provistas de cepillos crean los pliegos de papel. Pero el algodón representa la forma natural más pura de la celulosa, con un 90% de este componente. Los trapos eran una materia prima ideal para fabricar papel. La madera solo tiene entre un 40% y un 50% y además, un componente insidioso, la lignina, que es un elemento natural que cohesiona la madera, pero que le da un imposible color marrón al papel y lo degrada con el tiempo. En el XIX, para solventar esto, cocerán la madera, la triturarán y le añadirán ácido sulfúrico y acético que disolverá la lignina. Para blanquear la pasta la bañarán en cloro, muy tóxico; verterán los restos químicos a los cauces fluviales allí donde estén situadas las fábricas y destruirán la vida docenas de kilómetros río abajo. Se le llamará procedimiento al sulfito. Esto les servirá para fabricar papel barato y en grandes cantidades. Pero creará un problema futuro, el del papel ácido que se autodestruye y que no se solventará hasta los años 80 del siglo XX. El papel fabricado en el siglo XIX no sobrevivirá al del XVI.


Y llegamos al siglo XX y la perentoria necesidad de buscar fórmulas más ecológicas de producción papelera. La demanda ha seguido aumentando sin parar, pero los procesos se han modernizado. Ahora se llama procedimiento al sulfato o proceso Kraft. La pasta descortezada, lavada y triturada de madera, cocida antes con vapor, la pondrán a fuego lento con hidróxido de sodio, para después volver a cocerla con carbonato cálcico para anular el ácido y otorgarle una reserva alcalina al papel. Están prohibiendo el cloro, así que el blanqueo se hará con ozono o dióxido de azufre. Todos estos procesos se realizarán en un circuito cerrado y el agua usada se recuperará para volver a empezar el proceso. Los ríos solo servirán como refrigerante de los depósitos y para reemplazar la evaporación. 



La demanda social de procesos sostenibles obligará a obtener el papel de bosques bien gestionados y aparecerán los sellos de garantía de esto mismo, FCS y PECF entre otros muchos, para captar a un consumidor cada vez más implicado. El papel se ha hecho mayor en el proceso industrial de la fabricación. La gestión sostenible, ya en el siglo XXI, hace que llegue el papel reciclado y los seis usos de la pasta de papel, el último de los cuales es el compostaje y conversión en abono. 


Hoy en día existen papeles de todas clases. La variedad donde elegir ha aumentado muchísimo, al mismo tiempo que su uso entra en declive, o tal vez debido a eso. Las nuevas gamas de papeles reciclados han evolucionado mucho y ya no tienen nada que envidiar a las compuestas por fibra virgen. Se han añadido polímeros a las formulaciones de algunas variedades, para darle características antes imposibles como resistencia a la rotura o al agua. Se produce papel de bambú, de larga duración con reservas alcalinas de 8,5 de PH, papel rugoso con experiencias táctiles, de superficies mates, lisas u onduladas, como los verjurados, para tintas inkjet, oleosas o secas como el tóner. 


Que un papel sin estucar sea el adecuado para un fin u otro, y estamos ya en el campo de la escritura manual, solo dependerá en una mínima parte de la calidad de la fibra de celulosa y más de la forma en que se ha producido la pulpa en los digestor y pulido posteriormente en la línea de producción (el satinado) de si es de fibra larga, coníferas o algodón, o corta, procedente de eucaliptos y acacias, y del encolado final de la pasta virgen. Así, una tinta oleosa como la del esferógrafo necesitará, o como mínimo tolerará mejor, las fibras largas y un poro más grande; en cambio, el trazo de tinta líquida sin apenas presión de la estilográfica se ramificará y producirá una desagradable capilaridad en ese mismo sustrato. Ambos casos pueden ser papeles de buena manufactura, aunque es cierto que esto se suele ver mucho más en variedades más económicas. Una forma simple de ver si es un buen papel para tinta líquida puede ser comprobar la opacidad. Mayor bloqueo de la luz indicará un entrelazamiento adecuado de la fibra, más capas compactadas de celulosa; pero tampoco habrá que confiarse del todo ya que una fibra larga o mezclas con fibra reciclada muy usada todavía podrán provocar traspasos indeseados de la tinta, el conocido bleeding. El tacto, con la experiencia, ya nos dará bastante información de las características del papel, incluso del sonido al manipularlo. En principio los papeles de maderas duras, fibras cortas, suelen ir mejor para las estilográficas. Pero sique sin existir una regla escrita: Un papel de eucalipto de primera, con suficiente opacidad y gramaje, puede tener un pulido o encolado deficiente y producirnos otros problemas como enganches en los gavilanes de la estilográfica o plumilla o arranques superficiales de fibras. En el otro extremo , el papel de algodón, que tiene la fibra larga, nos ofrece alguno de los mejores y más duraderos papeles de escritura. El papel es así. 


Cierro, pues, esta historia tras este breve repaso, y dejaré muy abierto el final, puesto que, como ya comenté, el papel ya entró en el otoño de su ciclo vital; a pesar de que ya ha notado los primeros fríos estacionales, aún le resta mucho tiempo para que sufra los rigores del invierno en su particular devenir. No soy optimista ni pesimista sobre ello, porque los avances tecnológicos no son así, son neutros, y añado: necesarios. Somos nosotros los que finalmente condenamos al olvido a los productos. Si es así en el caso del papel, deberá ser por algo que nos proporcione una mejor experiencia de uso o sea, simplemente, más práctico en nuestra rutina diaria. Si no es así, el papel no nos abandonará jamás, ya que a día de hoy es cómodo de usar, portátil, con una curva de aprendizaje casi nula, idóneo para tomar notas o realizar bocetos, versátil y con una gran implantación social.

Iván R. Cortés.

(todas las fotos son del autor)

Gracias muy especiales a Iván y al tiempo que nos ha dedicado. Su conocimiento es tan profundo como su generosidad.

14 comentarios:

  1. Sólo puedo decir que me ha encantado!!!!

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  2. Coincido con Zaida. Me ha parecido de lo más interesante.

    Gracias a Iván por su trabajo y al Capitán por darle visibilidad.

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  3. Me alegro que os haya gustado. En otros artículos, si Pedro quiere, podremos entrar más en "materia" sobre este material. En general, lo que escribí es un somero análisis del papel, en forma de narración ligera. La fabricación del papel es una verdadera proeza mecánica y química donde muchos procesos pueden ir mal ya que se trabaja con materiales naturales cuyas características no siempre son iguales y/o varían. Por poner un ejemplo, los mismos troncos pueden generar un papel distinto si han estado expuestos varios días a un viento sur o por contra llevan días bajo la lluvia. Incluso si ha llovido y luego ha salido el sol y se ha creado vapor. La calidad del papel variará, y mucho además.

    Un saludo.

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    1. Gracias a tí por tu trabajo, Iván. Nos has dejado con muchas ganas de profundizar en este fascinante mundo. Un fuerte abrazo

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    2. Muy buen trabajo, Iván. En verdad este blog es un libro abierto para los que estamos interesados por un motivo u otro en el noble mundo de la escritura. Me alegra saber que en el mundo del papel se van tomando cada vez más medidas destinadas a conservar nuestro medio. Tenía un pregunta, a ver si podéis ayudarme. Estoy buscando un papel de algodón blanco y de gran duración (me refiero a siglos), en el que escribiré con plumilla, empleando tinta china. Había pensado en el Conqueror Connnoiseur; en concreto, me gustaría un tamaño DIN A3. El caso es que no sé donde comprarlo. En mi entorno no conocen ese papel. ¿Conocéis alguna tienda online donde lo vendan? ?¿Sabéis si hay algún papel más adecuado para mi objetivo? Un saludo amigos.

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    3. Gracias por la felicitación. Tenía anotado contestar y lo hago ahora. Muchas veces leo algo en movilidad, pero prefiero contestar con un teclado decente.

      Desconozco si buscas papel de algodón por algo en concreto. Existen gamas muy buenas con ese material, pero hay muchas más. Tienes el Connoisseur, 100% algodón de muy buena calidad y preparado para InkJet, pero que está certificado "solo" para un siglo. Se me olvidó comentar en el artículo, que si se busca un papel adecuado para tintas líquidas hay que buscar que esté preparado para tintas de impresora de chorro, que en lo básico son iguales.Tienes también el Conqueror Bamboo, bastante bueno, cumple la normativa ISO "hasta" dos siglos . Tienes también la gama Smooth, con un tacto sedoso increible...

      Hay docenas de papeles de calidad. En general, buscad el logo Inkjet, huid de los de repografía y oficina y si queréis que se ría del tiempo, buscad el símbolo Long Life o ISO 9706 o el más exigente ISO 11108 ( con papeles de lino o algodón o mix y el único papel usado para archivos de larga duración). El papel Long Life suele tener un PH de 7,5-8,5 y hay variedades para más de dos siglos.

      Un saludo.

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    4. Acabo de leer que ya hacías referencia al Connoiseur. Bueno, ya te he aclarado un poco. No es un papel duradero, es para un siglo con un PH de 6,5-7.

      Si quieres comprar un papel concreto, contacta con una imprenta y que te lo corten al tamaño que quieras, DINA·3 o DINA·4 . Te venden mínimo una resma (500 pliegos) y te cobrarán el manipulado, pero poco más. En la página de Antalis te venden resmas también, pero el formato mínimo es SRA industrial. Hay que guillotinarlo.

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  4. Hola Iván, felicitaciones por el excelente artículo publicado y que nos compartes; de hecho que aún no queda por aprender más temas y profundizar en los ya conocidos.
    Saludos...

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    1. Gracias a ti, Bernardo. El papel es un material apasionante, aunque muchos no reparan en él.

      Un saludo.

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  5. Muy bueno el resumen. Los fanáticos (como yo) pueden indagar más en la historia del papel recurriendo a la excelente obra de Nicholas A. Basbanes, "De papel" (ISBN: 9786071622174) editada por el Fondo de Cultura Económica: http://www.fce.com.ar/ar/libros/detalles.aspx?IDL=7791
    Lo recomiendo mucho para conocer en profundidad desde las técnicas antiguas y actuales para obtener papel. ¿Quién dijo que el libro desaparecerá?...

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    1. No parece fácil; solo hace falta fijarse en que el libro electrónico no acaba de despegar. un cordial saludo

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  6. Un artículo impresionante. Gracias Iván y Pedro

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