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miércoles, 17 de mayo de 2017

Stipula 22; la preciosa indómita.

De Stipula se ha hablado aquí en numerosas ocasiones y no siempre para bien. Pero no hay duda de que la marca italiana ha comercializado algunas de las plumas más bellas de la reciente historia de la estilográfica. Sus trabajos en celuloide hicieron palidecer a algunos de los mejores especialistas, y la belleza de sus intemporales diseños, provocó gestos de admiración en los aficionados que tuvieron la fortuna de cruzarse en su camino.

El grave problema de muchas Stipula fue, por desgracia, su lamentable tendencia a funcionar mal. Nadie ha logrado identificar con exactitud el problema pues, en realidad, había muchos factores concurrentes. Pero lo cierto es que el mediocre desempeño de estas hermosas plumas, terminó por empañar su indiscutible atractivo estético.

En los primeros 2000, Estipula puso en el mercado una de las primeras plumas (quizá la primera) con plumín de titanio. Hoy es algo relativamente común, pero en su momento era una apuesta novedosa que llamó poderosamente la atención del público aficionado. Sus líneas clásicas, su lujosa presentación y la incontestable belleza de su celuloide, fueron bazas a su favor.


La pluma se presentaba en una gran caja negra con mucha documentación y otros detalles lujosos



Dentro de la caja, había un tintero especial y la caja de la pluma que, a su vez, constituía un bello cofre muy bien envuelto que daba acceso a un interior aterciopelado en el que se veía el hermoso ejemplar.


La 22 es una de las plumas más bellas que ha producido Stipula. Su tamaño es relativamente pequeño y sus líneas son muy clásicas; estilizadas pero sin concesiones a la modernidad,. Tiene claras referencias a modelos históricos, como la ventana traslúcida para poder observar el pistón y la tinta restante en el depósito, lo que hacía del modelo una versión actualizada de los mejores diseños de los años 30 del pasado siglo. Incluso tiene un cierto aire a las mejores Auroras.


El celuloide estriado con el que está fabricada es punto y aparte. Sus aguas, brillo y profundidad de color, llenan de vistosos matices la pieza que, de esta manera, resulta visualmente cautivadora. Se ofrecía en varios colores pero esta combinación de anaranjados era, a mi juicio, la más hermosa.


La referencia conceptual básica de la pluma es el titanio y así, el número 22 que corresponde a este metal en la tabla periódica de los elementos, aparece prominentemente en el capuchón.


En el mismo capuchón, el clip y el anillo dorado que remata la boca, complementan perfectamente los cálidos colores naranjas y amarillos del celuloide.


El cuerpo ofrece una gran ventana tintada y traslúcida que permite ver el pistón con que se carga la pieza. La capacidad del depósito, pese al reducido tamaño de la pluma, es muy grande.


En su parte superior, aparece grabada la marca, con el número 22 y la referencia.


El pistón se acciona con un culote de resina negra que remata la parte posterior del cuerpo, haciendo juego con la boquilla, muy bien diseñada en términos ergonómicos y que ofrece una gran comodidad en el uso de la pluma.


El pistón es de labio simple y ha sido acusado de fragilidad y fácil rotura. No es mi caso, desde luego, pero me parece justo hacerme eco de una de las quejas recurrentes acerca de esta pluma.


Pero llegamos al punto flaco. La 22 es una belleza que resulta de casi imposible manejo. El diseño del alimentador y de su conexión con el depósito, resultaron ser una fuente permanente de problemas. El flujo se cortaba, la tinta dejaba de salir y el titanio se reveló como un material que no gustaba de las tintas densas y saturadas.


El plumín, pequeño, pero sin duda muy atractivo y primorosamente decorado con algunos toques en oro, resultaba ser también algo flexible, lo que añadía una nueva dificultad al ya complicado flujo derivado de un alimentador mal elegido y diseñado.


Los problemas de flujo de la 22 se volvieron épicos y apenas había comentario sobre esta pluma que no incluyera algún lamento desesperado por su paupérrimo desempeño. Incluso hubo reparadores que se hicieron famosos por sus soluciones caseras. Apenas 5 años después de su salida al mercado, Stipula liquidó sus existencias a bajo coste. Hubo un renacimiento con un renovado modelo 22 que tampoco ha tenido mucho éxito y que, en realidad, era muy diferente al primero.


La 22 fue una pluma con un pésimo resultado funcional. Ha habido otros casos parecidos en la historia de la estilográfica pero pocos relativos a una pieza de esta belleza. Pese a todo ello, o quizá precisamente por su causa, la 22 se ha convertido en una estilográfica relativamente buscada por su escasez, por su hermosura y por su triste historia.


6 comentarios:

  1. uff, "las Stipula". Que bellas, peeeero¡¡¡¡

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    1. Así es, querido Leonardo, un pero mayúsculo, Un fuerte abrazo

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  2. ¡Qué pena! con lo atractivo que resulta ese plumín... Antonio F.B.

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    1. Gracias por tu comentario; un saludo muy cordial, amigo Antonio

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  3. ¡Buenas!
    Ya que en esta entrada se ha hablado de Stipula, marca italiana, quiero preguntar acerca de plumas baratas italianas.
    ¿Tienen la Safari o la Metropolitan competencia de nuestros vecinos?
    Hace tiempo escuché que con las plumas pasa lo mismo que con los coches, tienen que ser alemanes, japoneses o italianos...
    Y lo cierto es que las italianas son bellas, pero también elevadas para alguien que la quiere para machacarla a apuntes.

    ¡Un saludo y muchas gracias!

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  4. Estimado Pedro.

    En el tema del blog , lo dificil no es llegar, es mantenerse. Y tú, amigo mio ,lo estás consiguiendo con unas entradas reculares de calidad insuperable.

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