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domingo, 27 de julio de 2014

La Gran Guía (y III): El estado exterior.

La enorme variedad de materiales usados para la construcción de plumas hace muy difícil confeccionar un catálogo general de consejos a seguir a la hora de examinar una pluma para su compra. Cada pluma tendrá sus particularidades. Pero sí es aconsejable hacer un somero repaso de los principales problemas que pueden presentar los grandes grupos de estilográficas por razón de su material de construcción y, luego, un examen final con prevenciones generales. Hay, desde luego, otros materiales posibles, pero los que siguen son los principales que el aficionado novel puede encontrar.

1.- Las plumas de plástico. Ya hemos visto en otro lugar de este blog, los diferentes tipos de plástico que se pueden utilizar, o han venido siendo utilizados, para la construcción de estilográficas. Cada uno de ellos tiene sus particularidades pero los defectos comunes que pueden presentar se refieren, de mayor a menor gravedad,  a roturas, deformaciones o defectos superficiales.
Las roturas son fácilmente apreciables salvo que se trate de las llamadas "hairline cracks" o fisuras micrométricas que suelen aparecer longitudinalmente a partir de los bordes, tanto del capuchón como de la boquilla aunque también pueden afectar a cualquier tipo de tapón. Estas fisuras apenas son perceptibles a simple vista y se descubren mirando con detalle la zona afectada y forzándola muy ligeramente para provocar que la fisura se ensanche y se haga visible.






(foto: FPN)

En las plumas antiguas este tipo de fisuras es muy frecuente y conviene asegurarse de que no existen, teniendo en cuenta que no es fácil deducirlo de una fotografía a menos que el vendedor lo manifieste.
Las fisuras pueden soldarse aunque no siempre será posible eliminar las huellas del pegado. Es una operación que requiere la ayuda de un profesional pues cada material requerirá un tipo específico de pegamento.
Junto con las roturas y las fisuras, el segundo gran problema que pueden presentar las plumas de plástico es la decoloración. Suele deberse a la acción de agentes externos como el sol o internos como  las tintas utilizadas. El primer caso afecta a cualquiera mientras que el segundo afecta principalmente a aquellas plumas en las que el cuerpo está en contacto con la tinta, como los cuentagotas o los sistemas de vacío.




(foto: Munsonpen)

La decoloración no tiene arreglo aunque no siempre constituye un defecto para algunos coleccionistas.
La ebonita mal conservada suele adquirir un color terroso que puede eliminarse puliendo la pieza.

El segundo tipo de problema para este material es que el plástico presente deformaciones. En tal caso, será difícil repararlo pues, aunque se trata de un material teóricamente flexible, no siempre lo admite por ser muy frágil y no puede manipularse sino con extremo cuidado y en todo caso con grave peligro de rotura.

Finalmente,  los defectos superficiales de los plásticos consistirán generalmente en rayaduras que suelen admitir pulimento aunque con extremo cuidado para no desgastar en exceso el material.  Otro defecto común es la decoloración de los grabados, que podrán restaurarse sin dificultad aplicando ceras o colorantes blancos y amarillos.

2.- Las plumas de madera: Pueden presentar los mismos problemas de roturas y microfisuras de las de plástico y, generalmente, con la misma solución.





También pueden sufrir decoloraciones aunque, en este caso, admiten mejor un pulido que atenúe o incluso haga desaparecer el defecto. Es un trabajo a realizar por un profesional.
Si la madera se ha deformado, el problema será más grave porque el material no es flexible.
Un problema específico de estas plumas es la posibilidad de que aparezcan manchas, debido a que la madera es un material muy poroso y, a medida que los barnices y acabados pierden eficacia, pueden producirse este tipo de daños por agentes externos que, si son profundos, no tienen reparación.


3.- Las plumas metálicas. Los defectos más evidentes de estas estilográficas se refieren a abolladuras y a erosiones superficiales. Si bien éstas admiten fácil pulimento y reparación, los primeros son más difíciles de eliminar y, de ser posible, tendrá que llevarse a cabo por un profesional. Si la superficie dañada no fuera lisa sino grabada o con dibujo, la reparación puede llegar a ser inviable.  La solución más sencilla, si es posible, es el cambio de la pieza dañada por un repuesto igual.


(foto: vintagefountainpens)

Un defecto muy común en las plumas metálicas y en general en todas las piezas metálicas exteriores de una pluma es el llamado efecto "brassing" o pérdida del chapado, que deja al descubierto el material base de la pluma, generalmente latón. Esto puede ocurrir por desgaste en todo tipo de chapados en oro y plata. La solución es volver a chapar, lo que tendrá que llevar a cabo un joyero por electrólisis a un coste elevado.
Finalmente, podemos encontrarnos con problemas de óxido y corrosión. Generalmente, admiten limpieza y reparación salvo que la corrosión haya dañado profundamente al metal.

4.- Miscelánea: Además de los defectos específicos apuntados, conviene revisar bien la pluma para examinar lo siguiente:

a) falta de piezas.
b) ajuste correcto de todas las piezas, roscas, palancas y anillos metálicos
c) posible falta de correspondencia entre diferentes piezas de la pluma.
d) existencia de grabados.
e) Caja y documentación original.

Todos estos elementos, de existir o no, influirán en el precio final de la estilográfica, siempre en función de su importancia relativa y de los gustos o premisas del comprador.



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