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jueves, 12 de marzo de 2015

La caída de las estrellas. ¿Por qué la estilográfica no avanza?

Que la estilográfica tradicional  es un instrumento superado por los tiempos, es cosa bien sabida; y que la escritura a mano se está convirtiendo en un sistema residual de registro, es un fenómeno que se irá agudizando con los años.

Pero una cosa es que las plumas no sean tan prácticas como un bolígrafo de gel y otra que no haya hueco en el mercado para una manera de escribir que siempre encuentra adeptos porque, en sí misma, proporciona una  experiencia de escritura que otros instrumentos no son capaces de igualar. Es, por tanto, su carácter específico el que aún sostiene a la estilográfica. El coleccionismo y el lujo son epifenómenos que poco tienen que ver con la funcionalidad de la escritura en sí misma considerada. Pero la peculiaridad de la pluma, la escritura con una de ellas, es una experiencia absolutamente singular y enormemente satisfactoria para un gran número de personas. Martin Roberts, de The Writing Desk, lo ha resumido acertadamente: "Hay un McDonalds en cada esquina pero eso no impide que la gente disfrute de una buena comida casera."

(foto: pixshark)

El principal problema técnico al que se enfrenta la estilográfica es, a mi juicio, la abdicación tecnológica. La mayoría de los fabricantes históricos se han rendido ante las nuevas tecnologías digitales y, en el mejor de los casos, ante los instrumentos modernos de escritura, abandonando el desarrollo de las plumas a su suerte. La guerra tecnológica de las grandes marcas que tuvo lugar en los años 30 a 50 del siglo pasado es del todo punto impensable hoy en día. En algunas, porque, simplemente, han desaparecido. En otras, porque han renunciado.

Las grandes marcas alemanas, por ejemplo, se apoyan hoy en dos grandes factores: el lujo y la tradición, es decir, el mantenimiento de su clásica y ya más que veterana tecnología. Los nuevos fabricantes, sobre todo norteamericanos, presentan como gran atractivo  sistemas que fueron inventados hace cerca de cien años y las marcas de lujo huyen de toda innovación y se concentran en recargar sus productos con todo tipo de jeribeques estéticos que los hagan exclusivos o llamativos pero, en todo caso, muy caros.

(foto: galleryhip)

En el sentido apuntado, la caída de las viejas estrellas es algo palmario y no se salva de ello ningún fabricante famoso, si es que aún ha conseguido sostener su producción y no se ha extinguido a estas alturas.

Hay una sola excepción: Japón. El éxito japonés en escritura y material de oficina en general, no se debe sólo a que usen tales o cuales materiales sino a que su inversión en tecnología e innovación es la única verdaderamente relevante en el mundo actual de la estilográfica. Cualquiera de las tres grandes marcas niponas derrocha ingenio e inventiva. Destaco entre todas a Sailor, especialmente -aunque no sólo por ello- por sus plumines. Es la primera marca en poner en el mercado auténticos alardes  de innovación en materia de escritura, buscando la funcionalidad más extrema partiendo de sistemas más tradicionales. La adaptación de estos plumines a las peculiaridades de la escritura con kanjis es algo asombroso y su aplicación en otros modelos culturales, una permanente fuente de curiosidad y satisfacción para usuarios de todo el mundo.

Los desarrollos japoneses han conseguido ofrecer al consumidor productos avanzados, muy versátiles, riquísimos en su concepción funcional y aptos para ser aplicados en muchos campos.

 Mientras las marcas japonesas se esfuerzan en hacer avanzar tecnológicamente a la estilográfica, las viejas marcas norteamericanas han desaparecido y las europeas fijan su mirada en horizontes muy distintos que poco tienen que ver con el desarrollo funcional del instrumento.



Ir por detrás de Japón es abdicar de la investigación y el desarrollo y  admitir que la vieja industria se ha dado por vencida.

¿Tienen futuro los desarrollos japoneses?; ¿conseguirán mantener  a la estilográfica como una modalidad funcional de escritura? Imposible saberlo. Lo seguro es que, de haber éxito, vendrá de Oriente.


 (fotos: Sailor)

20 comentarios:

  1. Perfecto homenaje, aun sin nombrarlo, para Nobuyoshi Nagahara en el día en que hemos conocido su fallecimiento.

    Gracias, Pedro.

    BT

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    1. Lamentable pérdida, sin duda, pero espero que su fabulosa capacidad inventiva sea un modelo para los que sigan al viejo y sabio maestro.
      Un abrazo, querido amigo

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  2. Me ha gustado mucho el artículo, sobre todo porque suscribo hasta la última palabra de lo dicho.
    Por otro lado, aprovecho para saludar a Bruno (al que tuve el placer de conocer en el Pen Show de Madrid de 2013) y lamentar la muerte de Nagahara. Esperemos que sus herederos continúen con la tradición.

    Un saludo.

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    1. Gracias Mario, es siempre un placer tenerte por aquí

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  3. D.E.P. Nagahara-san.

    Yo espero de algún modo que desde algún sitio nos llegue la confluencia de la experiencia de escribir con estilográfica y la editabilidad, indexación e hipervinculación de la era digital.
    Hay intentos desde dos enfoques que yo conozca: El cuaderno y el útil de escritura. En los cuadernos la no muy FP-friendly moleskine tiene una serie de pegatinas que sirven para enlazar las notas con evernote poniendo tags. A mi modo de ver poca ganancia para un sistema muy estricto.
    Luego están los bolígrafos con OCR... No tienen ninguna gracia. La sensación de escritura es la de un bolígrafo de evento de hotel.
    Tal vez mi visión es absolutamente equivocada, pero ahondando en lo que dice Pedro, el avance tecnológico tiene que ser fundamental para la subsistencia de la escritura a mano. Y la convergencia digital-analógico sería mi máxima ilusión.
    Una pluma con acelerómetros? Un cuaderno tipo wacom cintiq pero de superficie de papel y sin un puntero específico? Un software que cree un tipo de letra propio, basado en nuestra caligrafía -no un triste arial- para tratar nuestros textos?
    Contando con que algunas de las plumas que compramos cuestan más que un móvil con GPS, WiFi, 4G, pantalla a color... Tal vez no sea tan descabellado pedirles determinadas prestaciones.
    Se aceptan todo tipo de críticas... Muy probablemente no daré ni una en mi previsión de por dónde debería ir el mundo de la escritura a mano, pero adicionalmente al avance en la utilización de la capilaridad, o el vacío, la tecnología digital podría ser una poderosa aliada.

    Un saludo.

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    1. Interesantísimas reflexiones, rfueris, dignas de desarrollo. Gracias por tu comentario.

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  4. No creo que sea válido el símil del McDonalds, también existen bolígrafos de calidad. El núcleo de la cuestión es que cada vez se escribe menos a mano, es un acto que ha quedado relegado casi exclusivamente al ámbito educativo, y no nos engañemos, una pluma requiere más cuidados, los cartuchos tienen escasa autonomía y cargar con tinteros es un engorro. Nos guste o no, la pluma está condenada a ser un objeto para nostálgicos y coleccionistas.

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    1. Me parece que la calidad a la que hace referencia Roberts es a la funcional más que a las condiciones del instrumento de que se trate. Un bolígrafo bueno siempre será un bolígrafo y, por tanto, su uso será siempre el apropiado a su naturaleza. Lo mismo pasa con las plumas, buenas o malas, su utilización siempre será específica.
      Gracias por tu comentario Alfonso!

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  5. Voy a aportar mi opinión. Llevo unos meses usando estilográficas. Escribo poco a mano, escribía poco antes y poco ahora. En el tiempo que llevo usándolas no me han fallado nunca. Nunca han goteado, han dibujado desde el primer trazo, la tinta dura bastante con la puntas finas que yo uso.... Es divertido cambiar de color. No creo que necesite más avances tecnológicos, porque funcionan. Por lo menos las que tengo yo, la Urban, la Tasche... Echando la vista atrás, nunca me gustó el esferógrafo; siempre preferí los útiles escriturales de gel.

    Desde el año pasado, que estoy estudiando con la UNED varios temas, he escrito una ingente cantidad de texto Creo que llevaré unas 500-600 páginas entre trabajos, resúmenes, etc... No me quiero ni imaginar lo que hubiese supuesto hacer todo eso con una estilográfica, sin contar el envío de todo esto por métodos convencionales. Así que las nuevas tecnologías tienen sus cosas buenas.

    Dicho esto, la escritura manual no desaparecerá porque tiene su nicho concreto y las nuevas tecnologías lo tienen muy complicado para entrar ahí. Desde una simple nota de la compra, un Pos-It, notas rápidas diversas, firmas (muy importantes), croquis, etc, etc.

    El peligro para la estilográfica está en sí misma, situando el producto en un nivel premium que no se justifica con la calidad. Con precios que las alejan de la sociedad normal que poco a poco las sitúan en, no sé, un estatus diferente al de un simple útil escritural. Solo hay que ir al Corte Inglés y ver como las exponen. Parecen artículos inalcanzables destinados a personas muy selectas. Y no es así. Porque la gente no lo ve así.

    Un saludo.

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    1. Gracias por tus reflexiones Iván, con las que estoy muy de acuerdo, especialmente en lo tocante a la inclinación al lujo en lugar de al desarrollo. Un saludo muy cordial

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    2. Quería poner una coda: es interesantísima la referencia que haces a un dato que a menudo se olvida: la productividad. Ninguna pluma y, en realidad, ningún instrumento de escritura manual, puede competir con las tecnologías informáticas, de igual manera que la máquina de escribir acabó con los amanuenses. La utilización de la estilográfica estará siempre reducida a un ámbito en el que esas tecnologías no resulten posibles o rentables. Pero incluso en el orden académico, cada vez se ven más alumnos tomando notas en su ordenador portátil...

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    3. Amanuense, que vocablo tan bonito. Tienes toda la razón, Pedro. La información digital se crea en cantidades ingentes, vuela rápido y también muere prematuramente. Y eso está bien, porque tiene su función.

      La escritura manual debería de formar parte importante de la enseñanza en las primeras etapas escolares, porque va más allá de su papel propiamente dicho. Enseña a los niños a centrarse, a retener datos, a entrena la paciencia y a disfrutar de mucho más control de su cuerpo. Escribir con estilográfica es casi como ser un cirujano. Si lo piensas con detenimiento, movilizas cerca de un tercio de tu masa muscular y más del 70% de tu cerebro para trazar una línea en un papel con una delicadeza extrema y que además, coligadas, las líneas, signifiquen algo a otra persona. Es la cúspide de la civilización. Nos ha costado cientos de miles de años llegar a eso.

      Aporrear el teclado, un acto grosero. Mecanografía aprendes si quieres en un mes. Leer en la pantalla del ordenador, un suplicio para mí. Me despisto, consulto el correo, me acuerdo de algo y lo consulto en la web, me suena un correo "plink"etc. Es poco productivo. Digo leer y estudiar algo ahí. Para otras actividades no. Lamentablemente ya no se imprimen los libros y manuales y te los suministran en PDF. Bueno, las cosas son así. Be water, my friend, como diría Lee.

      Cada cosa tiene su sitio. Lo digital ha avanzado mucho y en poco tiempo y ha trastocado muchas cosas, no siempre a mejor, aunque tiene sus cosas buenas. Las aguas volverán a su cauce en pocos años porque hay cosas que no son prácticas y poco a poco lo iremos comprobando, aunque la niebla del marketing nos nuble la visión.

      Un saludo.

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  6. Me ha gustado mucho el artículo. Creo que la estilográfica siempre tendrá sus partidarios entre ellos yo mismo. El problema es que el número de gente que escribe con pluma siemprre ha sido muy reducido. Somos, sin quererlo una pequeña élite. Pero no nos engañemos que en los 50 y en los 60 una pluma era para mucha gente un artículo de lujo. El bolígrafo o el roller son mucho más prácticos. Pero para los habituales de las plumas siempre seguirá siendo un placer usarlas y no creo que vayan a desaparecer ni mucho menos. Si que notaremos mejoras de calidad en su fabricación eso seguro.

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    1. Entre los años 30 a 50, cualquier pluma era relativamente cara pero su competencia era el lapicero o la plumilla. Con la llegada del bolígrafo y otros sistemas, nacieron las plumas baratas y, a partir de los 80, las de lujo o representación. El enigma del futuro es lo que me intriga.
      Gracias por tu comentario Javier.

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  7. Cierto son todos los comentarios. .. que pena que la pluma se haya convertido en un objeto extraño que los jóvenes ven con rareza cuando no desdén. . Ordenadores, portátiles, móviles, Ipad... qye pinta ahí la pluma????.... Mucho!!!. Qué maravilloso es sentirla en la manos, qué delicia ver -y sentir- como se desliza por el papel... qué hermosas son. .. que bonito es sacarla y que se queden mirando... quitarle el capuchon apoyarla en el papel y empezar a escribir o, simplemente, firmar. Nostálgico?... quizás... pero siempre, siempre, las uso. .. y no podría estar sin ellas... de los pequeños placeres diarios es, antes de salir de casa por la mañana, sentarse en tu escritorio... y pensar que plumas usarás hoy, limpiarlas, cargarlas, guardarlas en el estuche... y salir a la calle a pelear.. que sociedad tan agresiva estamos creando!!!. Por eso, ese pequeño placer de centrarte y pensar que plumas vas a usar en el día. . Simplemente es maravilloso. .. o al menos s mi me lo parece.
    Cierto es también, sin duda, que los clásicos fabricantes americanos y europeos han cedido a la técnica, a la investigación. .. para ir a lo más cómodo : ediciones limitadas... y si son anuales, mejor!!!... así enganchó a más gente y por más tiempo... que pena de los años dorados (décadas de los 20, 30 y quizá 40 del siglo pasado... si tenéis oportunidad comparad el S XX con la evolución de las plumas. .. es, simplemente, maravilloso: la evolución de la pluma es la del Siglo: los locos años 20', formas y coloridos salvajes de las plumas, la Gran Depresión, colores tristes, oscuros, la funcionalidad de los años 40...), en que las grandes marcas competían entre sí en todo: colores, modelos, formas de carga y capacidad.. Se han rendido sin más. Ya no luchan... simplemente, repito, nos quieren tener "enganchados" con las series limitadas.. y, por desgracia, lo han conseguido (al menos en mi caso)... peto saldremos de ese caro vicio...
    Sólo -y estoy absolutamente contigo, Pedro- se salvan las japonesas. .. por calidad, por precio, por diseño. .. y, especialmente, (algo esencial en una pluma) por la calidad de sus plumines. Técnica perfecta en miniatura. ..no escriben, se desliza, se dejan llevar, según qué plumin y según como lo pongas, diferentes trazos y grosores. .. hummm! !!
    Benditas plumas, maravillosas plumas. .. ese oscuro objeto de deseo... y que nos alegra el día. Día a día. Epigrafiando, vita dura est sed vita.... pero que no me falten mis plumas, que no ne falte una pluma... Mucius Scaevola

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    1. Preciosas reflexiones, amigo mío. Y creo que comunes a todos los que amamos este mundo. Sabes transmitir la pasión por las estilográficas...

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  8. Pedazo de Artículo Pedro y que buenos comentarios. Estoy seguro de que desde Japón no desmayara este arte industrial, porque para ellos la escritura es muy arraigado. Yo le he ido regalando a mis hijos plumas desde las descartables hasta ir progresivamente subiendo de nivel, porque esta afición la heredé de mi madre quien me legó su pequeña colección

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    1. Eso te honra, amigo Leonardo. Felicidades por tu afición y por tu lealtad a la misma. Un fuerte abrazo

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  9. Estimado Sr Haddock: solo felicitarlo otra vez, me he leido de un tiron todo su blog
    Saludos cordiales
    Christian Valenzuela Prosser

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    1. Muchísimas granias, amigo Christian. Espero que sigamos contando con Vd. por aquí. Un saludo muy cordial.

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